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Party sound
DIEGO MARÍN.
Después de un par de conciertos
de entremeses, el viernes comenzaron a llegar los platos
fuertes de los conciertos de Actual. Y en lo primero que
se nota es en el número de espectadores congregados.
Después de un par de noches en las que el público
apenas superaba el número de invitaciones y pases
de prensa, para ver a Los Delinqüentes y compañía
por fin hubo que hacer cola para entrar al recinto. Mereció
la pena la fila porque los tres grupos programados se metieron
rápidamente al público en el bolsillo y le
hicieron bailar con ritmo y sonidos cálidos. Los
muy esperados Delinqüentes (y su Banda del Ratón)
ofrecieron una rumba divertida y canalla, demostrando que
se han sabido reponer a la muerte de uno de sus cantantes
y que saben alegrar a quien les escucha tocar y cantar con
sus canciones llenas de picaresca y gracia andaluza. Los
temas más destacados de su último disco, popularizados
gracias a voces como la de su amiga Bebe, hacían
augurar un muy buen concierto: aún quedaban dos grupos
por saltar al escenario. BarXino supuso la dosis de reggae
que necesita toda edición de Actual. Aunque también
instalados en el cosmopolita barrio barcelonés El
Raval, como tantos otros músicos que pisan Actual,
los integrantes de BarXino proceden de todos los países
menos el nuestro. Italianos, brasileños, argentinos,
colombianos... forman este grupo de technoreggae que, aunque
inferiores a los predecesores y posteriores, mantuvieron
el nivel animando a bailar. No estuvieron mal para estrenarse.
Cerró la noche el siciliano Roy Paci, que con una
estética y una música cercana a The Blues
Brothers, puso un inmejorable colofón al concierto
junto a Aretuska. Con él no había descanso,
todo eran saltos e instrumentos de viento, todo ritmo y
movimiento. Se definen como «ska-jazz» y tienen
ocho discos a sus espaldas, pero su alma máter, el
trompetista Roy Paci, es ante todo un showman con muchas
tablas. El triple concierto resultó, por lo tanto,
un éxito, pero quien ha seguido de cerca Actual en
los últimos años salió de allí
con la sensación de haber visto ese concierto ya
antes: el mismo perro con distinto collar.
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