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En
boca de todos
Dentro del cada vez más fructífero
panorama del hip hop en La Rioja, y tras los ‘laureados’
Carpe DM y Puskas, están surgiendo ciertos
nombres que comienzan a destacar. Entre ellos, los
jovencísimos Al-Trasteh y S3, grupo y MC, respectivamente,
que surgen de un núcleo común ya desaparecido,
Los Presos de la Rima, una formación adolescente
sin apenas trayectoria. S3 sorprendió a propios
y extraños con su maqueta En boca de nadie
(2005), producida por DJ Ochoa y grabada en El Búnker
de Carpe
DM, precursores, padrinos, mecenas y casi madres de
estas jóvenes promesas. Con un estilo rápido
y fresco, mucho desparpajo y aportando algo de personalidad,
que es lo que le falta a la mayoría de los
músicos riojanos, S3 se presenta como firme
candidato a recoger el testigo ofrecido por Carpe
DM. Víctor, renombrado ahora ‘Estrés’,
sin contar aún veinte años, se confiesa
tan admirador e influido por el rap como por el rock
de los 60 y 70, y eso se nota en la calidad de su
trabajo musical.
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EL RAP ASALTA EL PALACIO DE LOS
DEPORTES CON VIOLADORES DEL VERSO COMO ESTRELLAS DE LA NOCHE
Con las bajas de Cypress Hill y de House of Pain,
los maños regresan a Logroño en el número
uno de las listas de ventas
DIEGO MARÍN A. Logroño
Con su primer disco, Genios (2001), ya actuaron en Actual,
en la Sala Coda. Tres discos después (Vicios y virtudes,
Tú eres alguien. Bombo clap) vuelven por la puerta
grande para llenar el Palacio de los Deportes presentando
en directo Vivir para contarlo (BOA, 2006). R de Rumba,
el DJ que grabó disco en solitario (pero con las
colaboraciones de Tote King, Frank-T, Mala Rodríguez,
etc) entre medias, contesta a esta entrevista.
- Es extraño que sea el DJ quien conteste
a las preguntas.
- Porque en muchos grupos de rap el DJ no forma parte de
él, pero aquí sí, y nos repartimos
el trabajo y el protagonismo, las entrevistas. Ahora me
habrá tocado a mí, pero otras veces es un
compañero. Yo soy como Óscar Sánchez
en SFDK, uno más del grupo. La verdad es que me gustaría
no hacer nada, pero todos tenemos que hacerlo.
- Sois el primer grupo de rap que consigue el primer
puesto de la lista AFYVE de discos vendidos, ¿os
lo esperabais?
- Nunca te esperas llegar al número uno, pero sí
que se vendiera bien. Llegar ahí es jodido, sobre
todo viendo las promos de las grandes discográficas,
en comparación con la nuestra, pero está de
puta madre, más si quitamos a Bisbal una semanita
del liderato.
- ¿Ayuda la ya excesiva popularización
del hip-hop o empieza a ser nocivo?
- En verdad, que salgan discos de peña cutre y vendan
ayuda, sí. Lo que pasa es que debería haber
más grupos que, como nosotros, vendieran 20.000 discos,
porque lo malo es que somos cuatro gatos los que lo hacemos
y realmente no hay escena ni movida guapa. Hay muchos grupos
de rap buenos que se quedan en 5.000 copias vendidas y es
una pena. El boom actual del rap nos beneficia a todos,
eso está claro. Violadores del Verso salimos ahora
más en la tele, en revistas no especializadas...
- También fuisteis los primeros en España
en grabar un disco en directo, ¿cuánto de
riesgo hay ahora en cada uno de vuestros trabajos?
- Riesgo está en el hecho de tener tu propio estudio,
irte a New York, que es un pastón..., pero al menos
sabíamos que este gasto iba a cubrirse vendiendo
discos y haciendo bolos. Con el DVD del concierto que editamos
sí corrimos más riesgos, pero salió
bien. Quién iba a saber que vendería 15.000
copias; si volviéramos a hacer uno nos gastaríamos
el doble en hacerlo. Ahora nos la jugamos en los conciertos
porque vamos por libre: llevamos nuestros propio equipo,
el sonido, alquilamos nosotros mismos los recintos...; y
tienes que vender entradas, no vas por caché. Bueno,
hoy en Actual sí, porque es un festival, pero mañana
en Pamplona no. Pero qué más puedo pedir que
tener mi propio estudio e ir por libre.
-Vivir para contarlo tiene cierto aire a vuestras
primeras grabaciones, más crudas, a pesar de estar
masterizado por Tony Dawsey en New York. ¿Premeditado?
-Claro, es mucho más escueto. Este concepto lo teníamos
muy claro desde el principio, queríamos que fuera
música dura, rap duro con ritmos contundentes y letras
de competición. Si la gente se había olvidado
de que podíamos hacerlo, ahí tiene el disco,
que es como si fuera un trabajo de los Violadores del Verso
de hace seis años, sin muchos adornos ni arreglos
digitales, con mucho bombo y caja, como nos gusta que suene
el rap.
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