
LA FICHA
Dirección y
guión: Eran Kolirin
Intérpretes: Sasson
Gabai, Ronit Elkabetz, Saleh Bakri, Khalifa Natour,
Imad Jabarin, Tarak Kopty, Hisham Khoury y Francois
Khell
Fotografía: Shai Goldman
Montaje: Arik Lahav Leibovitz
Música: Habib Shehadeh Hanna
País: Israel, Francia.
2007
Duración: 90 minutos
Premio al mejor Actor de
la Academia Europa de Cine y premio al mejor Guión
en la Seminci de Valladolid
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CONCIERTO HUMANO
JOSÉ MANUEL LEÓN
MELIÁ.
No hay nada como un relato tenso y proclive al enfrentamiento
ideológico contado en clave de comedia para amortiguar
el choque cultural y la lucha ancestral e imponer la cercanía
de seres humanos acostumbrados a las diferencias y las grescas.
El premio Pilar Miró al mejor nuevo director de la
Seminci vallisoletana recayó en el realizador israelí
Eran Kolirin responsable de ‘La banda nos visita’,
una cinta solidaria, metafórica y encantadora, que
se postula sobre la cercanía de los pueblos.
Una pequeña idea centrada en la desorientación
de una banda de músicos de la policía de Alejandría
que se pierde en una aislada comunidad en el desierto israelí
da pie a un surrealista relato, lleno de humor, graciosa
extravagancia y juiciosa reflexión acerca de la comunicación
como factor para rebajar la fricción.
Plantear la peripecia vital de un puñado de músicos
árabes en territorio enemigo como si fuera un western
cuyo epicentro es la llegada del forastero, es un acierto
colosal, estupendamente exprimido y con una sabia progresión
de los acontecimientos y los sentimientos.
Cine escrito con delicadeza y tacto, muy atento a la psicología
de los personajes; criaturas convincentes es sus contradicciones
que representan una honesta llamada a la convivencia. Aquí
no hay barreras, ni fronteras ni religiones que obstaculicen
el entendimiento. Más bien todo lo contrario. La
armonía, la comprensión, la hospitalidad y
sobre todo el lenguaje universal de la música abre
puertas allí donde están cerradas.
El mosaico o la sociedad que retrata Eran Kolirin pone acento
de cordura y razón en el avispero del conflicto entre
árabes e israelíes. Si uno piensa que la orquesta
se va a encontrar cañonazos a su llegada está
equivocado. La postura del largometraje, bienintencionada,
es abrir el corazón de unos y de otros, sin aspereza
y violencia, mostrando el interior de los personajes y expresando
emociones tan personales como el amor, el dolor y los recuerdos.
No en vano y a pesar de prejuicios fundamentalistas de algunos
israelíes, resulta creíble y narrado sin falsas
coartadas, el hermoso fluir de los episodios más
sinceros que una persona sólo revelaría a
su amigo más íntimo. De esta manera, y en
el transcurso de la jornada que dura la acción del
filme, los personajes principales, el director de la orquesta
y la propietaria del restaurante, dejan ver sus zonas oscuras,
como si fueran conocidos de toda la vida. Del tejido humano
y de la parte cómica, con momentos sublimes, se construye
una irónica partitura cuyo recuerdo será difícil
olvidar.
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