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| Un momento de la noche.
/ FERNANDO DÍAZ. |
DE MENOS A MÁS
Actual 2008 comenzó en el ámbito musical con
un concierto en el que la música electrónica
llevó la voz cantante y en donde los ánimos
de los espectadores fueron aumentando conforme los minutos
pasaban, las actuaciones iban subiendo de nivel y el número
de personas que se daban cita en el Palacio iba en aumento.
La responsabilidad de abrir el fuego le correspondió
al grupo de origen francés Orange Blossom. Es complicado
actuar ante un auditorio un tanto frío todavía
y con muy poco público en las primeras canciones,
pero Orange Blossom cumplió y no desentonó
con el nivel del festival.
Cabe destacar dentro de esta formación a un auténtico
virtuoso del violín llamado PJ Chabot. Él
fue el que recibió los mayores aplausos y el que
dejó con la boca abierta a todos los que se daban
cita en el Palacio de los Deportes. Del resto del grupo
no hay que olvidar la embriagadora voz de la cantante, que
de vez en cuando se destapaba con unos chillos un tanto
peculiares y sorprendentes. El relevo de los franceses lo
cogió Digital 21. El solista se ganó al público
(cada vez más numeroso) con su primera canción
en tributo de Alaska y Dinarama. El resto del recital lo
combinó con temas que enganchaban a la gente y le
hacía botar, junto a otros que dejaban totalmente
indiferente a la mayoría. Claros y sombras en su
actuación. Como aspecto positivo, sobresalieron los
vídeos de producción propia, que hacían
más entretenidas las canciones.
Algunos quedarían encantados con Digital 21, pero
otros lo veían sólo como un tránsito
para los auténticos protagonistas de la velada, los
Asian Dub Foundation. Aquellos que pudieron verlos hace
dos años ya intuían lo que se iban a encontrar.
Los que, como yo, los conocimos ayer, quedamos gratamente
sorprendidos con el espectáculo que ofrecieron en
el escenario de Actual.
Energía a raudales desprendían los miembros
del grupo, que se contagió en el público.
Las gradas se quedaban vacías porque los espectadores
preferían saltar a la pista para disfrutar de cerca
de los ritmos pegadizos de los temas. La intensidad del
concierto no decayó en ningún momento y el
público respondió con palmas, saltos, gritos
y todo aquello que fuera necesario para acompañar.
Un fin de noche dignísimo y que dejó un gran
sabor de boca entre los presentes. Algunos se quedaron al
trasnoche; otros, a casa, pero casi todos, satisfechos.
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