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| ÉXITO. Biolay
consiguió encandilar al público. / FERNANDO
DÍAZ |
TRÈS BIEN
El músico francés Benjamin Biolay
conquistó al público que se dio cita el domingo
6 en Riojafórum
DIEGO MARÍN A.
Esta vez no habrá peros. Benjamin Biolay fue una
auténtica estrella que brilló en el firmamento
de Actual. La puesta en escena, en principio sencilla (piano,
órgano y guitarra), fue complicándose y convirtiéndose
en un universo personal e inigualable fruto de la atmósfera
propia creada con firmeza, pasión y personalidad
en cada una de las canciones. Y no fueron pocas. Buena parte
de este logro lo tuvo el trabajo de iluminación,
destacable por lo acertado a la hora de acompañar
y subrayar la música que se realizaba sobre el escenario.
El directo de Biolay se fue llenando de matices, creando
sendas hacia lo electrónico, gracias a los sintetizadores,
y también hacia el dance por momentos y también
hacia el rock y el trip-hop. Definitivamente el francés
es un gran idioma para el arte y Benjamin Biolay lo demostró
musicalmente con creces por su armonía y magia particular.
A pesar de no entender absolutamente nada la mayoría
de los allí congregados, Biolay transmitió
como pocos (seguramente dijo cosas inteligentes) y rápidamente
encandiló a un público que quedó enamorado
incondicionalmente.
Las melodías evocaban a Diabologum, y a Massive Attack,
incluso a Serge Gainsbourg cuando Biolay se quedaba sin
compañía en el escenario como un cantautor
solitario, y a Coldplay cuando volvían junto a él
su organista y su guitarrista. El concierto transcurrió
desde un sonido techno basado en los órganos hacia
ritmos más clásicos apoyados en la guitarra.
Benjamin Biolay también tomó la trompeta para
aderezar algún tema y salpicó canciones con
versiones como la de Clint Easwood, el tema más célebre
de ese grupo animado que es Gorillaz.
Como no podía ser de otra forma, los espectadores,
que rompían a aplaudir al final de cada canción,
no permitieron que las bambalinas del Riojafórum
les arrebataran al francés antes de tiempo y éste
tuvo que volver al escenario después de haberse despedido
para brindar con un bis a un público entregado y
totalmente encantado. Y no es para menos.
Benjamin Biolay reconcilió a algunos escépticos
con Actual, hizo grande a este festival con un concierto
pequeño. Quizás sea ese el acierto, otorgar
a cada artista su espacio, su tiempo, y que éste
desarrolle sus creaciones sin prisa, como en casa. Así,
las bases de Biolay consiguieron sonar como latidos de un
corazón entusiasmado, por ejemplo, el mío.
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