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LOS CARAMELOS
C . ÚBEDA
Bajo nombres tan poco sincréticos
como Los Caramelos, El Afinador de Cítaras, Charlie
Mysterio, Color Caramelo De Ron o, ahora, Nebulosa (pronúnciese
con acento valenciano) se esconde el talento avasallador
de Carlos Prida. Tan misterioso y desmesurado como algunos
de sus iconos –Joe Meek, Errol Flynn, Jorge Martínez,
Isadora Duncan–, autor de un único disco, ‘Los
Caramelos de Charlie Mysterio' (Spicnic, 2002), y de decenas
de colaboraciones y aportaciones a recopilatorios.
Como el desmesurado Errol Flynn o la gran Isadora Duncan
lo fueron en su día, el misterioso Carlos Fernández
Prida es un personaje que, de ninguna manera, nos merecemos.
Porque, con una escena y un público radicalizados
en la defensa de clichés, poses o actitudes, un disco
tan especial y difícil de clasificar como el recientemente
publicado por Los Caramelos es poco menos que un regalo
del cielo.
De esa manera, no es de extrañar
que haya sido tan larga la espera de la publicación
de un disco que recopilara buena parte de las grandes canciones
del grupo que, liderado en solitario, o más bien
en soledad, por Prida (también conocido como Charlie
Mysterio o Carlos Nebulosa), ha ido entregando en maquetas
tan intrigantes como exclusivas a ese subterfugio del pop
que es "Flor de Pasión".
El estilo de Los Caramelos es de una
modernidad tremendamente castiza, de una épica cotidiana
repleta de lirismo, descendiente de los enfants terribles
de la canción italiana, de la ciencia-ficción,
del surf norteamericano, de los juguetes Jeyper, del punk
más melódico y del recuerdo de mitos sólo
perennes en memorias profundamente freaks. Se podría
discutir la simpleza de muchas composiciones, la escasa
o nula producción o, incluso, la falta de pretensiones;
pero ante una colección de canciones tan sinceras,
tan bonitas y poéticas, no puedo más que rendirme
y recordar una y otra vez la estrofa cambiada, como a escondidas,
dentro de la versión de Battiato.
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