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El huevo de la serpiente
JOSÉ MANUEL LEÓN MELIÁ
El cerrojazo cinematográfico de este Actual 2010 es como el Gordo de la Lotería de Navidad, y además de estreno nacional. Reparte excelente cine por todos sus poros y además tiene la virtud de abrir serias reflexiones o sesudos debates según a las conclusiones que cada espectador pueda llegar tras interpretar las maliciosamente inocentes imágenes filmadas por el inquietante maestro de la erosión humana que es Michael Haneke.
La cinta blanca es el mejor y punzante colofón de la programación. Ganadora en Cannes y acaparadora de los tres más importantes galardones en los últimos premios europeos de cine. Aval que aún así, creo yo, no hace total justicia a este riguroso y profundo filme que esconde tras su cuidada estética en blanco y negro y su elaborada construcción clásica, un siniestro relato, lleno de secretos e hipocresías, que no da puntada sin hilo y que se asienta en una sucesión de extraños accidentes que alteran la vida de los pacíficos habitantes de la aldea retratada por Haneke que vistos en la butaca pueden parecer curiosas bromas pero que analizadas con calma no lo son en absoluto.
Al finalizar el pase de La cinta blanca en San Sebastián, el largometraje me dejó una huella e impresión demoledora. Estaba fuertemente persuadido de haber presenciado una obra brutal, de tensión soterrada, de maquiavélicas intenciones que conducían a generar un caldo de cultivo de odios e iras entre las relaciones de los adultos y adolescentes creados por el autor de La pianista. Cuyo fin último, entendí, era la maquinación o incubación del huevo de la serpiente que años más tarde culminaría con el Tercer Reich.
Sin embargo pienso también que un filme tan brillante, medido, inteligente y a la vez deliciosamente perverso e intrigante es obligado dejar un análisis más extenso para mejor ocasión, sobre todo porque como suele ser costumbre en Haneke su cine plantea muchas más preguntas que respuestas, aunque cuesta mucho no tratar de analizar muchas de las situaciones planteadas por Haneke a la luz del horror que asolaría Europa en los años futuros respecto de la trama que se cuenta en la película.
El argumento se ubica en 1913, en un pueblecito de Alemania. Las tierras y los empleos están bajo el férreo poder del barón. Un hecho común o ‘normal’, el tropiezo de un caballo y el golpetazo que sufre su jinete, provoca un mar de curiosas sorpresas entre los habitantes de la comunidad, en apariencia insignificantes, pero sobrecogedoras en el afilado devenir de los acontecimientos. |