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Casi todos llegan al final
Los cinéfilos nocturnos disfrutaron a sus anchas del exitoso maratón de cine de Actual
JOSÉ MANUEL LEÓN MELIÁ
El cambio de escenario no varió la tradicional visita de los cinéfilos noctámbulos al misterioso chorreo de curioso celuloide que promete (siempre con éxito) el maratón de películas del festival Actual.
Desde media hora antes del inicio de las sesiones en las diferentes salas elegidas por el complejo de exhibición Yelmo, la ordenada y variopinta (todas la edades, aunque predominaban los jóvenes) avalancha de fans ascendía por las escaleras automáticas hasta el vestíbulo de entrada. Los aficionados a la prueba fondista coincidían en la entrada con los espectadores que habían elegido la sesión golfa para disfrutar del espectáculo de las tres dimensiones de Avatar. A los primeros se les entregaba un folio con la distribución de las salas y el orden de las proyecciones; a los segundos, las archifamosas gafas para ver los adelantos en técnica visual.
Por las inmediaciones del ambigú, Carlos San Julián, responsable de la programación, se fijaba con nostalgia de la mudanza de plató. Mientras tanto, el público elegía la suerte de los filmes en función de criterios de toda índole. Y eso que las proyecciones simultáneas arrancaban con dos cintas francesas que en tono de comedia abordaban el tema de las relaciones sentimentales desde enfoques diferentes. Los más veteranos, es decir, los incondicionales, por lo que pude oír, preferían valoraciones más ‘autorales’ tan simples como si ver antes el filme dirigido por el realizador, Fatih Akin, la simpática, Soul Kitchen, o la marciana Los límites del control, de Jim Jarmusch.
Dispuestos a todo
En la primera sesión, los trasnochadores entraron espabilados y dispuestos a todo. Acompañados del baúl de palomitas y quietos como una estatua jalearon con vigor todos los instantes de risa que provocaron los continuos embrollos del personaje central del largometraje, Fais moi plaisir, al liarse con la hija del presidente de la República Francesa. La obra es aplaudida y al terminar los títulos de crédito algunos asistentes aprovecharon para refrescarse. El siguiente título, que también fue la monda, provocó que la fiesta continuase.
Pero al finalizar éste los aplausos fueron mínimos porque los avezados clientes, que suman maratones en su cartilla de trofeos, desfilaron con rapidez hacia la zona de avituallamiento para ser los primeros en recoger la comanda (perrito caliente y botellín de agua) y reponer fuerzas para aguantar el tirón final. Otros, más valientes, pero bocata en mano, salieron con chulería al balcón exterior del complejo a catar la temperatura, que era fresquita a las cuatro de la mañana.
Con el estómago agradecido, todos adentro otra vez para encarar los momentos más exigentes sin detectar renuncias y notificar que sólo el norteamericano Jarmusch, con su inclasificable estilo, retorció algún cuerpo en la butaca. |