El "padre de la poesía española" versifica con facilidad y corrección, es espontáneo y posee el instinto de lo esencial. Sobrio y realista, demuestra gran variedad de recursos. Es delicado, a veces socarrón, místico y piadoso. Destaca su rica melodía, dentro de la unidad de estilo y sabe dar al relato viveza y animación.

Las doce obras de Berceo pueden clasificarse en tres grupos según su contenido: Tres Himnos traducidos del latín; cuatro hagiografías (Vida de San Millán de la Cogolla, Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de Santa Oria y Martirio de San Lorenzo); dos obras místico-doctrinales (El sacrificio de la misa, Los signos que aparecerán antes del Juicio) y tres obras marianas (Loores de Nuestra Señora, Duelo que fizo la Virgen el día de la Pasión de su hijo, y Milagros de Nuestra Señora). Existe la posibilidad de que nuestro poeta fuera autor de otras obras que no sobrevivieron.

Los siglos XII y XIII en Europa marcan el auge de uno de los fenómenos más interesantes del cristianismo: el culto a la Virgen María. Hasta esta época, la devoción a la Virgen había sido algo de importancia menor en la Iglesia.

La mariología (en la que la Virgen se define como figura ideal para interceder entre el hombre y Dios) debió de formar parte importante de la vida espiritual medieval en el monasterio de Yuso San Millán de la Cogolla-. En la documentación del Monasterio se cita la presencia de las reliquias de San Millán en el altar mayor de la Virgen. Este santuario motivó peregrinaciones y está estrechamente vinculado al origen de las obras marianas de Berceo, clérigo íntimamente ligado al cenobio.

El narrador de Los Milagros de Nuestra Señora se retrata en la introducción a la obra como peregrino de la Virgen y se presenta como romero de ella. Berceo se aproxima e identifica con sus lectores, facilitando así la comprensión de su mensaje y animando indirectamente a emprender la peregrinación.

Los Milagros constan de una treintena de narraciones, en su mayoría breves, que recogen distintos favores prestados por la Virgen. La obra surge de una compleja realidad social e ideológica, fundiendo la piedad y la tradición marianas con la necesidad práctica para crear una de las obras más interesantes y reveladoras de la vida española del siglo XIII.

Trece ponentes y más de un centenar de participantes discutieron en La Rioja la figura de Gonzalo de Berceo durante el Congreso Internacional "Berceo ante la crítica actual", celebrado a mediados de abril del 98. Los estudiosos del tema intentaron "arrojar luz" sobre el primer poeta de la lengua castellana, del que todavía queda mucho por investigar y descubrir. Catedráticos de distintas universidades españolas y extranjeras centraron sus teorías en la figura del riojano.

El primero en desmitificar la figura de Berceo como personaje exclusivamente vinculado al Monasterio de San Millán fue el catedrático de la Universidad Complutense Nicasio Salvador. Según este profesor, "el poeta no era más que un presbítero secular que, si bien se relacionaba con los clérigos de San Millán y Cañas, alcanzó su madurez intelectual entre Calahorra e Italia".

Salvador explica que "la imagen de un Gonzalo de Berceo enclaustrado en los muros monacales se contradice con una realidad plausible y más adecuada a la categoría intelectual del poeta". Estas peregrinaciones hasta Italia explicarían el peso intelectual del riojano como uno de los primeros valedores del castellano. 

 

"La imagen de un Gonzalo de Berceo enclaustrado en los muros monacales se contradice con una realidad plausible y más adecuada a la categoría intelectual del poeta"

Muerte de Santo Domingo de Silos; glosado por Berceo y que fue abad de San Millán y del Monasterio de Silos.


El carácter publicitario de sus obras

Los textos de Berceo, sin menospreciar el aspecto estético, bien podrían considerarse publicitarios, en cuanto a su carácter hedonista. "Berceo ensalzaba aspectos como las comidas, las bebidas o el bienestar, como cualquier anuncio de hoy en día", considera el catedrático Aldo Ruffinato, de la universidad de Torino (Italia).

Algunas obras, como La vida de Santo Domingo de Silos, se escribieron después de que los monjes de Silos redactaran una carta de hermandad con los de San Millán. A cambio de este apoyo, los emilianenses ofrecieron a los de Silos la obra de Berceo, dedicada a su santo. El poeta riojano logró con esta obra que los peregrinos del Camino de Santiago se desviaran hacia Silos y llevaran allí, además de su espiritualidad, los bienes que tuvieran. No obstante, esta visión de "Berceo propagandista" no tiene por qué disminuir el valor poético de su obra ni debe contrastar con la religiosidad de la que los monasterios son portadores.

Pedro Cátedra, catedrático de la Universidad de Salamanca, rompe con la imagen de un Gonzalo de Berceo enclaustrado en las paredes de su monasterio y lo define como un luchador con una ideología cercana a las reformas promulgadas en el IV Concilio de Letrán, "un hombre de su tiempo".

El poeta riojano denunció el abandono al que habían llegado algunos religiosos y, precisamente por ello, aparecen en sus obras abadesas preñadas, monjes borrachos y clérigos que no saben la misa, realidades a la orden del día por aquel entonces. Según Cátedra, estas reivindicaciones de Berceo serían el principal motivo por el que no se puede hablar de que los textos del riojano estén centrados en la predicación.

Unos y otros investigadores concluyeron que la figura de Gonzalo de Berceo tiene gran importancia para la lengua castellana, ya que es el primer gran poeta en nuestro idioma. Asimismo, no hay que olvidar su estrecha relación con el entorno emilianense, en el que surgieron también los primeros vestigios del romance.


 Un milagro del siglo XIII

El congreso sobre Berceo contó con una importante aportación de dos profesores riojanos, Claudio García Turza, catedrático de Filología Española en la Universidad de La Rioja y Javier García Turza, profesor titular de Historia Medieval. Los dos investigadores expusieron su estudio sobre un milagro escrito en 1285.

No es de Berceo, pero como muchos de los textos que han llegado hasta nosotros desde aquel lejano siglo XIII, el "milagro" que aparece en el Códice 31 de la Real Academia de la Historia puede ayudar a comprender mejor aquella época y sus letras. Su importancia radica en que es un breve relato de un milagro sucedido en San Millán de Yuso y está contado unos treinta años más tarde de la muerte de Gonzalo de Berceo, pero con las mismas características linguísticas que los escritos por el poeta riojano.

Berceo traslada milagros comunes en la literatura europea de la época, sin lugar ni fecha precisa, pero este milagro del Códice 31 tiene fecha y localización concretas. Según Claudio García Turza, la relación de este milagro con Berceo es "una vinculación lingüística total, ya que es posible que el autor tuviera en su poder el texto de Los Milagros de Nuestra Señora, de Berceo".

Conferencia de Claudio y Javier García Turza en el I Congreso Internacional sobre Gonzalo de Berceo en la Universidad de La Rioja.


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