MADE IN USA
Texto: INÉS ROYO.
Los americanos son extremadamente puntuales; de hecho a la impuntualidad la consideran una falta de respeto o un insulto para quién está esperando
Estados Unidos tiene sus peculiaridades, costumbres y formas que lo distinguen del resto de las culturas (sobre todo la hispana). Aspectos representativos que para los españoles y latinoamericanos son normales o de buena educación en el día a día, para los norteamericanos pueden resultar extraños o de malas formas.
A la hora de presentarse y saludar a otras personas, dar la mano o un pequeño abrazo es lo más habitual, no dan besos -salvo que haya cierta confianza- y mucho menos dos. Si se mantiene una conversación no se sienten cómodos si su interlocutor está muy próximo, hay que mantener cierta distancia.
En los ascensores de Estados Unidos no es de buena educación saludar, ni comenzar a hablar, ni a observar a los que están alrededor. Suele haber silencio. Tampoco es fácil escuchar la conversación que mantienen los más próximos en lugares públicos, el tono a la hora de hablar tiende a ser bajo (detalle que delata a los hispanos en los pubs y restaurantes).
En cuanto a conducta, los americanos son extremadamente puntuales. La impuntualidad la consideran una falta de respeto o un insulto para quién está esperando; las clases, citas y eventos sociales comienzan siempre a su hora, salvo imprevistos, y destacan por su buena educación a la hora de ceder el paso, el asiento en los transportes públicos o prestar ayuda si alguien la necesita.
Y probablemente uno de los aspectos más peculiares, comparándolo con España, es el sistema sanitario. No existe la Seguridad Social (y si alguien trata de explicar cómo funciona en nuestro país no lo entienden). Es un sistema privado. Cualquier persona que necesite acudir a un médico debe pagar la atención prestada o poseer un seguro particular que cubra los gastos. Existen clínicas (free clinics) con precios asequibles, pero no del todo gratuitos.
MARÍA CASADO | DINAMARCA
Adivina adivinanza… galletas de la caja azul, la sirenita, los cuentos de Hans Christian Andersen (‘El patito feo’) y Laudrup. ¿Qué es? Muy fácil, Dinamarca. Sin embargo, después de llevar casi un año viviendo en sus tierras, y trabajando en un instituto en la isla de Fionia, quizá convenga poner en su sitio ciertos mitos. El primero, las galletas danesas. Como dirían los gallegos, haberlas haylas, pero no en el volumen que uno imagina y por supuesto sin la caja metálica azul que luego nuestras abuelas suelen reutilizar para ‘caja de los hilos’. Para encontrar estos formatos hay que irse al aeropuerto, que como todos, alimenta los estereotipos. De la sirenita poco que decir: está en Copenhague, es pequeña y tiene un fondo feo. Sin duda, Andersen y sus cuentos son una de las aportaciones danesas a la cultura contemporánea. Sobre el exfutbolista Michael Laudrup todo es cierto, se le respeta y está presente en anuncios, revistas…
Pero Dinamarca se compone de más cosas. Es verdad, son muy muy rubios y con ojos azules; van pegados a una bici, da igual la climatología o la edad (vamos como en La Rioja que usamos el coche para ir al bar de enfrente); adoran su bandera, que ondea en casi todas las casas, y se puede comprar en cualquier establecimiento; son bastante directos diciendo lo que piensan, sea bueno o malo; y comen más cerdo aún que en España. Y en todo ello incluso nuestra tierra tiene su espacio. Con una pronunciación graciosa aciertan a identificar de donde soy merced al vino: «Guioya, very good wine». No es extraño que lo reconozcan, los caldos riojanos se pueden adquirir en prácticamente todos los supermercados. Otra de las similitudes son los mazapanes; aquí no son de Soto y el sabor es más amargo, pero tienen mucho éxito y se consumen todo el año. Aunque para alguien de Entrena, como yo, la mayor sorpresa fue descubrir su veneración por las zanahorias. Les encantan las Gulerødder, las cultivan, las venden por todos los sitios e incluso, ¡las he visto en el McDonald’s! Así que, a pesar de las diferencias culturales y sociales, que las hay, no me siento tan lejos de la tierra.
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