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Siempre
será «au’traño»
El
Rosario de la Aurora y la procesión del Robo de los
Santos son las citas fundamentales de estas fiestas
E. PASCUAL/ ARNEDO
Vuelven, como cada año, con toda la ilusión,
con energías renovadas. Argumentos para reclamarlos
no les faltan, claro, siempre desde su punto de vista. Que
si los arnedanos se los llevaron de la ermita de la Cruz de
Andosilla a escondidas y de noche, que si no son capaces ni
merecedores de custodiarlos, que si son suyos...
La procesión del Robo de los Santos, precedida por
el emocionante Rosario de la Aurora, es el eje fundamental
de las fiestas arnedanas, en las que las honras a los santos
patronos Cosme y Damián se enarbolan con mayúsculas.
Una jornada grande que cada año hace historia, con
dos pueblos hermanados, Arnedo y Andosilla –con ayuda
en ocasiones de Cárcar y otros pueblos navarros–,
reviven una tradición secular y entrañable.
Procesiones hay a lo largo de toda la geografía española,
pero a la carrera, con alertas de robos y con huidas por cualquier
rincón... La emocionante jornada del 27 de septiembre
arranca a las 5,00 de la madrugada, con la bienvenida de los
arnedanos a los navarros. Los auroros recorren con sus gargantas
y sus guitarras las calles de la localidad, honrando a los
patronos, ensalzando la fraternidad de los pueblos. Pero pasadas
las 11,00 de la mañana, cuando los arnedanos prestan
a los navarros el honor de llevar a hombros las reliquias
de sus patronos en procesión, comienza una tradición
singular que cada año, desde al menos 1566, atrae a
cientos de visitantes y revive la devoción y el cariño
por los santos entre los arnedanos.
San Cosme y San Damián eran médicos, y navarros
y riojanos han confiado en su poder curativo por siglos, más
en tiempos de pestes y epidemias. La pugna por ese beneficencia
es el nacimiento de los tres intentos oficiales, más
alguno que otro espontáneo, de huir a la carrera con
los santos.
Pero a cada intento, al gripo de «¡A Navarra con
ellos!», decenas de brazos y piernas arnedanos de todas
las edades se interponen en su camino. Pero a cada intento,
un grito de todo Arnedo: «Pa’utraño».
Porque el año que viene volverán, y volverá
a ser muy especial.
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