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Todos
los calagurritanos apuran las últimas jornadas festivas
antes de la llegada del entierro de la cuba
I . ÁLVAREZ
Desde hace seis días Calahorra vive envuelta en la
vorágine de unas fiestas repletas de actividades. Afortunadamente,
las previsiones meteorológicas para esta semana se
han cumplido con rigor y la ciudad ha podido y puede contar
con un tiempo apetecible para salir a la calle. Sin embargo,
ahora llega el momento de hacerse a la idea de que la fiesta
toca a su fin. Quedan tres corridas de toros, tres sesiones
de teatro, varias degustaciones y uno de los conciertos estrellas
del programa: el de Jarabe de Palo.
A algunos los festejos les están sabiendo a poco. Y
eso que este año regalan una jornada más de
jolgorio y algarabía callejera. Otros, con un par de
días han tenido suficiente y han preferido desplazarse
a la costa, apurando los últimos días de vacaciones.
Su estampida, al final, se está notando en la calle.
De todas formas, los incondicionales de los festejos calagurritanos
no fallan. Ni siquiera a estas alturas, cuando el cuerpo empieza
a pedir más horas de sueño.
Por lo demás, pequeños, jóvenes y mayores
han sabido disfrutar de su momento. Los ‘peques’
con las marionetas, los fuegos artificiales y el toro de agua.
El viernes tienen una importante cita con la gran carpa de
‘Los Simpson’, en la explanada del Silo. El colectivo
de jóvenes ha vuelto a centrarse en la noche, las degustaciones
de zurracapote en los ‘cuartos’ de las peñas
y las salidas nocturnas de las charangas. Por su parte, los
mayores han respondido positivamente al teatro, a los vermuts
y a las sesiones con las orquestas para bailar el pasodoble.
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