-En Tout est bleu utilizas la interferencia de un teléfono móvil y el sonido de un módem ¿Qué piensas de Internet?
-Abre la puerta a una nueva era, universalizando la comunicación y propiciando todo tipo de experiencias colectivas. Mucha gente se queja de que todavía es una herramienta lenta e imperfecta, pero, para mí, la baja calidad de un vídeo forma parte de la poética de Internet. Dentro de unos años, cuando sea como la televisión, se acabará la emoción que produce hablar con alguien del otro lado del mundo. Creo que Internet está ayudando además a acabar con el elitismo en el arte: ayuda a democratizarlo y a imponer un sentido cada vez más relacionado con la idea del pop.
-¿Te interesan el techno y el pop electrónico actuales?
-¡Por supuesto! Me gustan muchísimo Underworld, Chemical Brothers, Daft Punk y todos los demás. Y me encanta que reconozcan mi trabajo como yo reconozco el suyo, me halaga que me citen como influencia. Siento que la música electrónica se ha normalizado. No sucede como en los 80, cuando, después de la importancia que habían tenido Kraftwerk, parecía que estaba yo solo. Ahora aprendo continuamente de las nuevas generaciones.
-¿Te gustaron las remezclas de tu música que hicieron Apollo 440, DJ Cam, Loop Guru o TK?
-Me encantaron. El concepto de remezcla, de reinterpretar el trabajo de otro, me parece muy positivo. Esa experiencia me ayudó a preparar este disco. Metamorphoses no es un álbum de techno al uso, pero tiene un espíritu dance que podría empujar a alguien a remezclarlo. He tratado de que fuera más rítmico, con un enfoque más groovy de lo habitual.
-Con la evolución tecnológica, ¿ha cambiado mucho tu manera de trabajar?
-En esencia, no. Intento mantener la inquietud y la curiosidad más que nunca, acercarme a la tecnología con la curiosidad de un niño ante un nuevo aparato. Me gustaría mantener siempre esa excitación, aunque, por otro lado, me sigue apasionando la primera generación de aparatos electrónicos. Los sintetizadores analógicos, los primeros moogs, en lugar de quedar como viejos instrumentos, serán en un futuro como Stradivarius: incomparables y atemporales.

-¿Te arrepientes de algo que hayas hecho en el pasado?
-Nunca escucho mis discos, porque me gusta más la música de otros, pero suelo mirar atrás y reflexionar sobre las cosas que he hecho. Me doy cuenta de que no son perfectas y quizá cambiaría algo, pero no me arrepiento. No podemos estar satisfechos de todo lo que hemos hecho, igual que no podemos ser felices siempre.
-¿Vas a actuar en España?
-Me gustaría tocar en Madrid este año, porque en la última gira por recintos cerrados no me dio tiempo. Además, acabo de presentar el disco en un local pequeño de París y fue fantástico. El álbum se presta mucho a ese tipo de conciertos íntimos.