Sonero y salsero

IGNACIO FAULÍN.

Este venezolano de larga y fructífera carrera es una de las gargantas más importantes en el universo salsero. Sus conciertos incandescentes presentan siempre buenas razones para que el aficionado salga hambriento y saciado, a la vez, de música afrocaribeña. Combina en ellos con pasión son cubano (ha dedicado algún disco entero a la isla y sus maravillas sonoras), merengue, salsa sensual, algún pasodoble o guarachas desenfrenadas. No suele dejar mucho tiempo para el descanso y se manifiesta con suma claridad cuando baja de la tarima: "Yo me siento bien con cualquier género bullicioso, bailable.Pero hay músicas, como la árabe o la china, que se que no podría interpretar porque eso es muy difícil. Incluso el flamenco, que me gusta mucho, pero no es suficiente con afinar. Se necesitan otras cosas que nacen con la propia persona".

Diferentes discos de oro y showman hasta los huesos, sigue entusiasmado por los viejos clásicos. Le gustaría grabar con orquestas sinfónicas u organizar una gran banda al estilo del mítico Benny Moré a la par que declara "Miguelito Valdés o Tito Rodríguez son artistas que dejaron un legado hermoso. Eso es imborrable en la vida, siempre van a permanecer en mí como sinónimos de alegría". Lo cierto es que en sus entrevistas siempre le he encontrado un punto de galanura irremediable para un rumbero y bailongo como hay pocos. "Ustedes los periodistas ­ha dicho­ son las verdaderas estrellas. ¿Cómo lo haría uno para llevar al mundo una inquietud, un proyecto, una idea, si ustedes no estuvieran ahí?"
Un veterano fundamental a la hora de fabricar e interpretar ritmos calientes.