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JAIRO M.M.
El incipiente y curioso cronista de provincias
llega a casa anonadado por lo recientemente experimentado: En
un nuevo pub, mitad taberna anglosajona, mitad bar de copas tradicional
(el Swing Tavern logroñés), ha sido privilegiado
consumidor de un concierto acústico de los que rompen
los esquemas.
Justo después de pedir las respectivas birras, el trío
comienza su actuación. Impresionante. A pesar de que sólo
un tercio de la escasa concurrencia presta verdadera atención
a los tres valientes, la magia de la calidad sin aditivos atrapa
los sentidos del escribidor. Todo sucede cuando los comerciales
locutores, los y las modernas, y todo el resto de la demás
fauna del progrerío logroñés han abandonado
el local camino del lecho, mientras cuatro o séis convencidos/escépticos
apuestan por dejarse atrapar por la melodía, el sentimiento
y la música.
Pero, ¿de dónde saca la sensual chica del colgante
semejante intensidad expresiva, tan descomunal voz, tanto sentimiento
que penetra hasta lo más hondo, aunque sea en lengua extranjera?
Y el de la visera y la guitarra, ¿dónde ha aprendido
tanto blues y feeling como el que muestra y demuestra en engañoso
segundo término? Y el joven del violín eléctrico,
¿dónde ha aprendido a acompañar con su peculiar
instrumento esas históricas canciones del rock más
auténtico, y tan bien?
De la sorpresa inicial, al disfrute gozoso: de Janis, a Hendrix,
pasando por Santa Fe y los Zeppellin. De la Joplin, ya hubiera
querido ella tal vozarrón para interpretar desgarradoramente
sus alaridos; de los Led, vaya versión del difícil
a la par que intenso Whole Lotta Love. De Santa Fe, Woman, una
intensa balada; y de Hendrix, comenzando con una espectacular
introducción del violín, una pedazo de versión
del conocido Purpple Haze.
Sin ruido, pero con muchas más nueces que 'alternativos'
festivales multimedia, el trío Ovlivion conectó
y ofreció con sencillez grandes gotas de autenticidad
y calidad a patadas. Si en el cotarro musical hay un mínimo
de justicia, un día todos les pediremos autógrafos
como desesperados. Mientras, nos conformaremos con buscar otra
tan agradable sorpresa en el Swing Tavern de Logroño.
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