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Cuatro amigos, de David Trueba
es una novela de lectura rápida y divertida, con un argumento medianamente
atractivo que pasa por Logroño
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MIGUEL ÁNGEL MURO.
Cuando se echa un vistazo en conjunto a lo que escriben
lo que se da en denominar "jóvenes autores" (¿menos
de 40?) hay, cada vez más, algunas características que se
van destacando como coincidentes, que, si no molestaran a nadie, podrían
servir para (definir) orientar la comprensión de esa literatura.
Su mundo literario tiene como ingrediente central la relación afectiva,
más o menos aristada, más o menos volcada hacia el sexo; la
narración se decanta por primar la peripecia, con mayor o menor detrimento
para la configuración de personajes, ambientes, reflexiones...; no
hay mayor pudor a la hora de evitar un léxico que a otras generaciones
puede sonarles malsonante, como tampoco lo hay a la hora de describir situaciones
escatológicas: al contrario son ingrediente central, buscado por
los autores; en la mayor parte, en fin, se opta (quizá por carencias)
por un estilo descuidado. Claro es que esto son generalizaciones y que de
Ray Loriga (autor que a mí no me desagrada en absoluto) a Belén
Gopegui, pasando por Lucía Etxebarría, Pedro Ugarte o Lorenzo
Silva, los matices pueden (y deben) ser muchos. |
Claro es que esto son generalizaciones y que de Ray Loriga
(autor que a mí no me desagrada en absoluto) a Belén Gopegui,
pasando por Lucía Etxebarría, Pedro Ugarte o Lorenzo Silva,
los matices pueden (y deben) ser muchos.
David Trueba, cuya novela nos ocupa, posee cuando narra una de las virtudes
más apreciables: la de la agilidad; quiérese decir con esto
que es capaz de ir enlazando asunto con asunto con soltura, sin que nada
dure demasiado, sin que nada retrase más de lo necesario: siempre
va a pasar algo más y va a pasar pronto. También se singulariza
por el tono amable que domina todo el relato y por toques de sentido del
humor. Su estilo, por lo demás, es del tipo eficaz: frase y párrafo
cortos, vocabulario estándar culto, para nada "literaturizantes".
Con ello y con un argumento medianamente atractivo hay más que suficiente
para conseguir una novela de lectura rápida y divertida: y el argumento
no defrauda. Me eximo de contarlo con detalle si les digo que tiene grandes
parecidos con Air Bag, la película de Bajo Ulloa: cuatro amigos,
vacaciones de verano, sexo (perdido, querido, habido, buscado) y peripecias
de toda laya, con todo lo que caiga a mano (desde una puta-exgimnasta centroeuropea
rescatada de un burdel, hasta una visita a Logroño, que, bien mirado,
no sé qué es más exótico). Si no se busca más,
pues vale, a pasar el rato y qué bien; pero si a uno le da por pensar
que los personajes pueden tener más meollo, que las situaciones más
miga, que el conjunto más carga literaria y humana, pues entonces
ya no vale; pero eso ¿será pedir que mejore el novelista o
buscar otra novela?, ¿tiene derecho alguien a pedirle a un escritor
que cambie, profundice o mejore? Yo, mientras elucido el incesante enigma
de la crítica, les diré que me quedo con las cinco o seis
páginas en las que el protagonista rememora y hace balance, desde
la pérdida, de lo que fue su relación con Bárbara:
pero esto, claro es, sólo es mi gusto. |

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