JOSÉ IGNACIO FORONDA.
Está siendo esta década especialmente pródiga
en libros antológicos de poesía hispana. Y ahora, a volúmenes
como Selección nacional, de José Luis García Martín,
La prueba del nueve, de Antonio Ortega, Ellas tienen la palabra, de Noni
Benegas, 10 menos 30, de Luis Antonio de Villena o poesía ultimísima,
de Basilio Rodríguez Cañada, se suma otro libro al que su
responsable, la poetisa Isla Correyero, le ha dado el provocativo título
de Feroces y este subtítulo orientativo: Muestra de las
actitudes radicales, marginales y heterodoxas en la última poesía
española. Tal y como funciona el mercado de poesía contemporánea
(ediciones de tirada reducida, distribución limitada, abundancia
de títulos), estas antologías, junto con las revistas literarias,
que lamentablemente presentan una problemática similar, son la mejor
manera de conocer las realizaciones de los nuevos poetas.
Dos generaciones literarias. Esta
nueva antología, presentada por la seleccionadora como "muestra"
(que para el caso viene a ser lo mismo pero parece que compromete menos),
ofrece al lector veintitrés poetas nacidos entre los años
1957 y 1976, es decir, en lo que podrían ser dos generaciones literarias.
Algunos de ellos son rigurosamente inéditos, otros ya han publicado
uno, dos, tres o nueve libros y hay un poeta que ya es la tercera vez que
aparece antologado. Tal es el caso de Jorge Riechman, del que tuvimos noticia
gracias a Postnovísimos, la antología que realizó
Luis Antonio de Villena para Visor en 1986 y La prueba del nueve,
de Antonio Ortega (Cátedra, 1994).
El libro recoge, como viene siendo tan tópico como inútil,
junto a las composiciones seleccionadas una poética firmada por cada
autor. La mayoría de estas elucubraciones no siempre arrojan luz
sobre los versos que le siguen, por lo que creo que sería mejor que
se pusieran al final, para leerlas después de los poemas. Distraerían
menos y mostrarían que no siempre los poetas saben hablar con lucidez
sobre lo que hacen. (El propio Jesús Llorente, uno de los más
destacables de toda la muestra, lo reconoce explícitamente: "Uff,
tiemblo al pensar cuánto me arrepentiré de esta poética
con el paso de los años".) En cualquier caso, de las veintitrés
poéticas señalaría, por su concisión y por su
sinceridad, la del poeta chileno Javier Bello: "Poema es esto y
esto y esto". Su poética vale más que su poesía.
Junto a la ficha biográfica de cada participante se acompaña
un comentario de la seleccionadora escrito con más devoción
que acierto. En el prólogo, Isla Correyero se propone no etiquetar
a los poetas, pero los llena de pegatinas, cuando no los mata de un plumazo:
"Juan Manuel [Villalba] me dijo unas palabras desde el primer momento
en que hablamos que me dieron la medida exacta de él, sobre todo
porque eran las palabras que la mayoría de los aquí seleccionados
me había dicho ya". ¿Es que uno da la medida de sí
mismo cuando repite lo que dicen los demás? Quien no da la medida,
en este caso, es Correyero.
Feroces no refleja una panorámica de la poesía española
que escriben los autores más jóvenes, sino sólo una
vertiente: aquella en la que la escritura "refleja la vida cotidiana
sumergida, los lados oscuros y marginales de nuestra época".
Y esa escritura se caracteriza "por su lenguaje más rápido,
más mestizo, más cheli incluso".
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En línea generales, abunda la poesía realista,
de un realismo sucio, y autobiográfica, con algún golpe surrealista
y ninguna preocupación estrófica, aunque algunos cuentan las
sílabas. De hecho, algunas composiciones, dispuestas como prosa (con
líneas que llegan de un lado al otro del papel), ganarían
más. Es una poesía deudora, en cuanto a su origen, de esa
línea denominada "de la experiencia", pero en la mayoría
de los poemas presentados, sus autores no consiguen transcender la anécdota,
universalizar el sentimiento, transmitir una emoción. Salvo honrosas
excepciones, a muchos de estos poetas les falta inteligencia para dotar
a esos materiales poéticos de profundidad y sensibilidad para producir
con esos materiales belleza. Como los materiales son poco poéticos,
la mayoría de las veces se cae en la ramplonería.
Como siempre en estos casos conviene echar un cuarto a espadas, me gustaría
destacar estos nombres: Pablo García Casado, Juan A. González
Iglesias, Jesús Llorente y Juan Manuel Villalba. Si quieren hacer
su propia apuesta, les dejo el libro. |
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