FRANCIS CILLERO.
Hay dos formas de enfrentrar este Una perra gorda de
pipas y otros cuentos de cine que ha editado la asociación Tamaño
Natural con la colaboración del 'Café de La Luna'. Por una
parte la lectura del cinéfilo, que encontrará en las páginas
de este libro motivos varios de entretenimiento, cuando no de satisfacción:
desde el homenaje más o menos encubierto a filmes míticos
("Ya sabes cómo termina la película, se puede leer
en una de las veinticinco narraciones que componen el libro") hasta
la sinopsis de aquel corto nunca filmado, sin olvidar los gajes del oficio
cinematográfico (curiosamente más centrado en la exhibición
que en la producción). La otra manera de leer este librillo es abordando
su estrategia literaria: una fórmula que produce menos simpatía,
sin duda, pero que parece definitiva cuando de lo que se trata es de literatura.
No porque los cuentos tengan escasa entidad (se nota que aquí están
elegidos los mejores), sino por el abuso de lugares comunes, ficciones paralelas
o simples vulgaridades que pueblan las páginas. Los cuentos de Una
perra gorda son decepcionantes porque no van más allá
de la condición de espectador que ya tiene el escritor cuando se
enfrenta a una película, ofreciendo una imagen de aquel que sólo
es capaz de subrayar lo ya visto en la pantalla: ninguno de los veinticinco
autores ofrece un campo de saber, sólo se distinguen por su capacidad
de narrar lo ya visto. ¿Ninguno? Bueno, a nadie le puede extrañar
que José de Uña Zugasti (¿acaso seudónimo?)
haya encontrado suculenta recompensa en su recuerdo infantil. El que suscribe
confiesa haber reído con lágrimas. |