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| 60. En defensa de la calor | ||
En nuestra lengua no son muchos los sustantivos ambiguos, es decir, que carecen de un género fijo y pueden utilizarse indistintamente, sin variar de significado, en masculino y femenino. Las Gramáticas suelen señalar como ejemplos más habituales los de mar (el mar, la mar ), azúcar, arte, dote, y advierten, además, de que en plural no presentan esa misma alternancia, de modo que solo son admisibles las formas los mares, las artes, los azúcares, las dotes. Al mismo tiempo, suelen indicar que algunas palabras presentaron esta misma peculiaridad en otras épocas, sin que la lengua culta lo admita hoy, una vez que ese rasgo ha perdido extensión y frecuencia. Este es el caso de calor. "Por el mes era de mayo, cuando hace la calor"; así comienza el conocido Romance del prisionero , en el que encontramos esta palabra con género femenino, al igual que aún podemos escucharla de boca de muchos paisanos nuestros: "no sé dónde iremos a parar con estas calores", me decía uno de ellos hace algunos días. La Real Academia y otros gramáticos censuran este uso como vulgar, o cuando menos como rústico, a pesar de su larga tradición: téngase en cuenta que en realidad, tanto calor como su parónimo color pasan a usarse exclusivamente como masculinos, en la lengua estándar, desde el S. XVII. Por ello, en lo que a mí respecta, no me parece que haya razones profundas para tildarlo de vulgar, y, en todo caso, prefiero decir que es popular, aunque solo sea por la frecuencia con que se oyen en La Rioja. Dicho de otro modo, digno de respeto aunque no tanto como para favorecer su difusión yendo en contra de la norma común. |
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