Volver 61. Problemas en cuanto al género

Anteriormente, en esta misma columna comenté la frecuencia de uso de la palabra calor con género femenino, a pesar de que las gramáticas académicas consideren vulgar esta práctica lingüística. La realidad que cada día se muestra en la calle deja traslucir que los hablantes no poseen tanta seguridad en cuanto al género de los sustantivos como parece deducirse de las recomendaciones normativas. Apenas hace unos días, un conocido político afirmaba en el Parlamento que sobre el asunto objeto del debate se habían abierto muchas interrogantes, en tanto que su interlocutor repetía varias veces que todos los interrogantes habían quedado aclarados en su exposición; no es que ocurriera nada especial en lo lingüístico, ni tampoco había errado en este aspecto ninguno de los dos, ya que, efectivamente, el sustantivo interrogante con el significado de ‘pregunta, duda’ es ambiguo en cuanto al género, es decir, permite el uso de ambos. Y éste no es un caso aislado; presten atención a la palabra reuma o reúma (pues ambas pronunciaciones admite nuestra Academia) y observarán que mientras un hablante dice "esta reúma me mata", otro más allá está comentando "lo bien que me han ido estas pastillas para el reuma"

Pero parece como si las palabras terminadas en -e ofreciesen más dificultades para el hablante; como si no se supiese con certeza cuál es el género adecuado; es un hecho comprobable en alguna tan tradicional y usada hasta hace cuatro días como azumbre ‘medida equivalente a la octava parte de una cántara’, que comparte los dos géneros; y, aunque la Academia diga que es sustantivo masculino, ocurre con calambre, igual que en muchos lugares de España, incluidas localidades riojanas, se oye la vinagre (no es el caso de la aceite, probablemente inducido por la pronunciación popular l’aceite, l’agua). Nada sorprendente, después de todo, siendo el género gramatical, en la mayoría de los casos, un asunto convencional, no motivado por naturaleza; aunque hoy hablemos de los fantasmas, siendo así que nuestros clásicos hablaban de las fantasmas, no es que tales seres se hayan vuelto transexuales, sino que bastantes palabras variaron de género con el paso del tiempo, para tortura de los gramáticos y de los académicos; todavía nuestra toponimia conserva abundantes ejemplos de La Puente, como recuerdo de un pasado en el que también se decía la yunque. De ahí que convenga no lanzar afirmaciones y normas tajantes al tratar de estos asuntos.


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