Volver 68. Numerales con polvo

De todos los numerales los más desconocidos de manera generalizada son, sin duda, los ordinales. Usted sabe muy bien que 4º se lee cuarto y 10º, décimo; pero ¿cómo pronunciaría, por ejemplo, 70º?, ¿y 400º?

Los diez primeros, muy usuales, no presentan problemas; pero sí los demás. A pesar de su cierto uso, la RAE no reconoce *decimoprimero ni *decimosegundo (así deberían escribirse si se les diera existencia oficial), formas analógicas originadas por imitación del procedimiento compositivo seguido para los comprendidos entre decimotercero y decimonoveno; sus versiones correctas respectivas son undécimo y duodécimo. A medida que subimos en la escala, la cosa se complica: vigésimo (20º), trigésimo (30º), cuadragésimo (40º), quincuagésimo (50º), sexagésimo (60º), septuagésimo (70º), octogésimo (80º), nonagésimo (90º), centésimo (100º), ducentésimo (200º), tricentésimo (300º), cuadringentésimo (400º), quingentésimo (500º), sexcentésimo (600º), septingentésimo (700º), octingentésimo (800º), noningentésimo (900º), etc. constituyen, por razones etimológicas, un sistema de vocablos demasiado variado y asimétrico, difícil de memorizar; de ahí que se considere excesivamente culto y que, como el arpa de Bécquer, lo arrinconemos "en el ángulo oscuro del salón" del idioma donde lo dejamos "olvidado, silencioso y cubierto de polvo"

Cuando necesitamos expresar la idea propia de los ordinales abandonados, solemos recurrir, correctamente, a los cardinales; así, decimos Juan Veintitrés, el puesto cincuenta y nueve o el cuatrocientos setenta y ocho aniversario.

Pero, desgraciadamente, con excesiva frecuencia se echa mano del sufijo -avo (muy cómodo, porque basta con añadirlo al cardinal correspondiente que sí se conoce) para salir del apuro, ignorando que tal sufijo significa que el numeral al que se adosa se convierte en fraccionario, o sea, que se refiere a un todo dividido en tantas partes como indique el número en cuestión. Afirmar, por ejemplo, de un ciclista que llegó "el *treintaidosavo" implica algo así —tan bárbaro— como partir al corredor en treinta y dos trozos, de los cuales sólo uno (no se sabe cuál ni cómo) consiguió cruzar la meta.

En conclusión: cuando no esté seguro de si se dice septuagésimo, cuadringentésimo, etc. o no le parezcan adecuados en un determinado contexto o situación, use con toda tranquilidad el cardinal correspondiente; todo el mundo le entenderá, no infringirá la norma y, además, se le agradecerá el detalle exquisito de no descuartizar a nadie.


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