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| 75. El reflexivo fuera de sí | ||
En un artículo de esta sección ("Revoltijo de estilos" [nº 198]) me permití ponerles deberes. El primer ejercicio decía así: << Pase a estilo indirecto el siguiente texto: Santa Teresa escribió: "Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero" >>. Solución correcta: Santa Teresa escribió que vivía sin vivir en sí, y (que) tan alta vida esperaba, que moría porque no moría. Los lectores que espontáneamente me ofrecieron su respuesta y aquellos de mi confianza a quienes se la solicité dieron, mayoritariamente sin problemas, con el cambio adecuado del tiempo y de la persona de los verbos afectados; pero quiero revelarles que ni siquiera uno acertó en el trueque pertinente del directo "en mí" por el indirecto en sí: todos fallaron con un improcedente en ella. Este hecho evidencia lo común del fenómeno sobre el que hoy quiero reflexionar. Cuando nos situamos ante un espejo, nuestra imagen rebota en su superficie y ésta nos la devuelve, es decir, nos refleja. Reflexivo significa etimológicamente ‘que vuelve atrás’ y de ahí ‘que refleja’; pues bien, la lengua española dispone de pronombres llamados precisamente reflexivos porque "reflejan la imagen del sujeto" Se trata de elementos que, realizando cualquier otra función (complemento directo, indirecto, circunstancial...), se refieren a la misma persona que el sujeto: en Luisa se peina, por ejemplo,"se" es un pronombre reflexivo porque alude a la misma mujer que menciona el nombre "Luisa": Luisa ejerce la acción de peinar y ésta recae ("se refleja") en la propia Luisa. Las dos primeras personas no plantean problemas porque se emplean como reflexivos los mismos pronombres que no lo son: me y te expresan reflexividad en Yo me veo y en Tú te ves, pero no en Me vieron ni en Te vieron. En la tercera persona, en cambio, el español distingue ambos valores con marcas distintas: la del reflexivo consiste en una s- (se, sí, consigo); así, por ejemplo, sabemos que (frente a lo que ocurría en nuestro caso anterior Luisa se peina) en Luisa la peina "Luisa" y "la" no se refieren a la misma mujer. De ahí que, para evitar ambigüedades, resulte imprescindible discernir ambos tipos de formas. Se observa, sin embargo, una arraigada tendencia a prescindir del pronombre sí (y consigo) en favor de sus correspondientes versiones no reflexivas. Fíjese en los siguientes ejemplos: *Es una egocéntrica: no hace más que hablar de ella; *Es un egoísta: no se quiere más que a él. ¿Cómo puede tildarse de egocéntrica a la persona que nunca habla de sí, sino de otra?; ¿cómo puede ser egoísta quien no se quiere a sí mismo en mayor medida que a otro? Santa Teresa escribió que vivía sin vivir en sí, es decir, que estaba fuera de sí porque vivía en otro y para otro. Si usted no quiere hablar de otro, no se deje fuera a sí. |
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