Volver 79. Qué comodín, qué comodón

¿Se le ocurriría a usted emplear las frases *¿Qué vas? o *¿Qué venís? y menos en lugar de ¿Adónde vas? y ¿Cuándo venís?, respectivamente? ¿No? ¿Nunca? ¿Seguro? ¿Que son disparates claramente inusuales? Esas mismas frases, con ese mismo significado, se oyen continuamente y perdóneme la osadía de afirmarle que usted, con toda probabilidad, también las dice.

Con frecuencia, cuando preguntamos por un elemento de la oración, sospechamos la respuesta de nuestro interlocutor. En tal caso, solemos desdoblar la interrogación en dos tramos: en el primero formulamos la pregunta directa de manera general, mientras que en el segundo lo hacemos aventurando o puntualizando la contestación más probable; así, a menudo, en lugar de enjaretar un directísimo y objetivo ¿Quién es éste?, probamos suerte como adivinos con la estructura doble ¿Quién es éste?, ¿tu hermano?

Como vimos al estudiar el queísmo o la inmovilización de le, cuando un mismo referente está doblemente representado en la lengua, suele descuidarse una de las dos expresiones, siempre la más general, a sabiendas de que la otra, la más específica, se encargará de puntualizar evitando cualquier posible ambigüedad. Eso es lo que ocurre también en esas construcciones interrogativas duplicadas.

Efectivamente, hemos erigido en rey absoluto del primer tramo de estas expresiones al pronombre qué, un qué habitualmente incorrecto por dos razones. Una, porque suele aparecer sintácticamente inmovilizado, es decir, sin la preposición que debería precederlo por exigencia de la función que desempeña; ¿dónde están, por ejemplo, en *¿Qué se dedica?, ¿a la construcción? o en *¿Qué lo has hecho?, ¿para despistar? las preposiciones a y para indicadoras del suplemento y circunstancial respectivos de "Qué"? La otra, porque ese tiránico qué es asiduo usurpador de cualquier otro interrogativo, con preposición y sin ella; por ejemplo, en *¿Qué lo dices?, ¿por mí? o *¿Qué vas?, ¿a Nájera? o *¿Qué venís?, ¿el lunes? (aquí están las dos frases que a usted le parecían —equivocadamente— inusuales y —con toda la razón— disparatadas), "Qué" aniquila y suplanta a por quién, adónde y cuándo, respectivamente.

En el fondo, este monótono queísmo1 interrogativo se debe a una actitud comodona más del hablante: para soslayar el esfuerzo de buscar la expresión adecuada en cada caso individual, se recurre a la partícula única (¿se tratará de una de las manifestaciones de lo que actualmente se denomina "pensamiento único"?), a ese estereotipado qué. ¡Qué comodín tan comodón!


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