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| 83. En nuestra área | ||
El título puede parecer engañoso y oportunista, pero no se trata en esta ocasión de hacer una diatriba por el mal uso del lenguaje entre los comentaristas de acontecimientos deportivos o simplemente futbolísticos. Por desgracia, estamos ante errores muy extendidos en el habla común y aun universitaria. Expresiones como *este aula, *nuestro área de difusión y *el ala derecho del avión podemos hallarlas a cada paso en los escritos y en las conversaciones de cualquier ámbito de la vida cotidiana, cambiado el género gramatical de tales palabras en una especie de pase mágico, instantáneo e imperceptible. Vienen motivadas probablemente por la existencia de las usuales y correctas el aula, el área, el ala; son bastantes las palabras que podríamos citar que aun siendo de género femenino anteponen la forma el y no la. Desde los primeros niveles de enseñanza se hace hincapié en que estos ejemplos son casos excepcionales, que obedecen a razones históricas de eufonía para evitar los molestos *la aula o *la área, y que basta con echarles una ojeada a sus plurales para deshacer el posible engaño: las áreas y las aulas no dejan lugar a duda. También se advierte que ello sólo ocurre en secuencias similares a las citadas o en el caso de la forma un(a) y sus compuestos algún(a) y ningún(a). En ninguna otra circunstancia es admisible este recurso, a pesar de las muchas veces que estos días hemos oído hablar de lo que ocurría en *uno y otro área . La ley del mínimo esfuerzo y la tendencia de los hablantes a convertir en reglas generales lo que sólo son excepciones muy particulares llevan a verdaderos dislates y despropósitos, que terminan alterando el género gramatical de las palabras como si se tratase de cambiar de camisa o de vestido para cada ocasión o acto social. Y no cabe duda de que las lenguas cambian, y obedecen a modas, pasajeras o persistentes, pero todavía no se lleva el travestismo gramatical. |
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