Volver 86. Cuestión de íes

¿Ha oído usted una frase parecida a ésta?: "¿A que no sabís quién me ha llamado?; seguro que no tenís ni idea" Probablemente serán muchos los lectores que respondan afirmativamente, que sí han percibido el uso de formas parecidas a las subrayadas por su anomalía, ya que éste es un rasgo muy riojano, aunque no exclusivo de La Rioja. Se trata de un error de expresión que afecta a lo gramatical y que está motivado por la semejanza, no fundamentada, que los hablantes creen observar entre dos unidades o estructuras: lo que los expertos denominan un caso de analogía.

La cuestión es muy simple, pues, a pesar de lo abstruso que a los hablantes les parece lo gramatical, todos adquirimos en nuestra infancia, al mismo tiempo que una lengua, un conocimiento no reflexivo y científico, pero sí práctico, de sus esquemas gramaticales. Apliquemos esta afirmación a nuestro ejemplo. Sabemos que la forma del verbo que refiere a un "vosotros, -as" se expresa añadiendo -is al radical de dicho verbo; así, de cantar hacemos cantá-is , de jugar, jugá-is y de pagar, pagá-is. En el caso de verbos como venir, aplicando esa regla obtendríamos vení-is; lo que ocurre es que, al juntarse dos vocales iguales, éstas quedan reducidas, generalmente, a una sola, y así escribimos y pronunciamos venís, salís, recibís, y no *salíis, *recibíis.

¿En qué consiste, en consecuencia, el error que motiva nuestro comentario? En la extensión de este fenómeno, propio solamente de los verbos en -ir, a aquéllos terminados en -er; de este modo, en lugar de sabéis, tenéis, vendéis, soléis, expresiones regulares, oímos en nuestras calles, con excesiva frecuencia, *sabís, *tenís, *vendís, *solís, etc. Es decir: un fenómeno válido para unas circunstancias muy precisas se aplica en otras, incorrectamente, de modo analógico.

La solución se enuncia fácilmente: hay que ser conscientes de la diferencia entre unos verbos y otros, y tratarlos como se merecen; deben reducirse, por razones fonéticas habituales en nuestra lengua, las secuencias en í-is , pero no las de é-is ni, por supuesto, las de á-is; sólo es cuestión de íes.


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