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| 87. Una -n demasiado personal | ||
Somos animales de costumbres. ¡Cuántas veces hemos oído esta sentencia y cuántas la hemos advertido certera y sabia! Y es que los seres humanos, por nuestra propia naturaleza, necesitamos crearnos hábitos para el desarrollo normal de nuestra vida; hábitos que a veces, llevados al extremo, nos apartan de la norma y de la normalidad. El lenguaje, actividad humana por antonomasia, refleja esta tendencia con asiduidad obstinada. El sistema verbal del español marca la tercera persona del plural de todos los tiempos con una -n que, casi siempre, constituye el único rasgo distintivo respecto de su correspondiente forma del singular acabada en vocal: sale / salen; cantará / cantarán; comiese / comiesen... Por otra parte, en el castellano usual la partícula se va siempre delante del verbo (se lavan; se venderán; se sentaron), excepto en tres casos, en los que se coloca detrás: cuando afecta al infinitivo (lavarse), al gerundio (vendiéndose) y al imperativo afirmativo (siéntese, siéntense). Pues bien, tan acostumbrados estamos a que un verbo en tercera persona del plural no termine en vocal y sí en -n, que a muchos hispanohablantes, magnetizados por la analogía, se les escapa el apéndice nasal (sólo ése, ¿eh?) cuando pronuncian alguna de las formas incluidas en los tres casos excepcionales indicados al final del párrafo anterior. No es raro, en efecto, oír en la conversación ordinaria popular frases como *Eso les pasa por no estarsen quietos, *Las vi bañándosen en el río o *Siéntensen aquí mismo. La forma de imperativo implicada (que, como se sabe, aunque es de tercera persona, se refiere a la segunda "de respeto", es decir, se dirige a personas a las que se trata de usted) presenta, además, una variante quizá más usual que la ya citada: en lugar de añadir una -n, se traslada al final de la palabra la que se encuentra delante de -se (*Estésen tranquilos, *Desen cuenta), lo que supone sumar un error por defecto a otro por exceso. La obsesión por la *-n quizá se vea potenciada en el imperativo por el hecho de que las mismas personas que la profieren suelen incurrir también en la anteposición del se a la forma verbal: ¿se acuerdan ustedes, por ejemplo, del iletrado —tristemente célebre— *"¡Se sienten, coño!"? Mediante este popular procedimiento, -se / -sen indican, respectivamente, ‘singular’ / ‘plural’, como canta /cantan, comiese /comiesen... Pero decir *Están lavándosen, *Van a lavarsen o *Lávensen no estriba en algo distinto de proferir *Sen están lavando, *Sen van a lavar o *Que sen laven, desatinos que a nadie se le ocurre perpetrar. Fruto de una rutina obsesiva —la de marcar la persona gramatical—, esa -n "apendicítica" debe ser extirpada; por redundante, por excesiva, por demasiado personal. |
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