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| 94. En la variedad está el gusto | ||
No es infrecuente comprobar la perplejidad de los hablantes ante la existencia de dos formas distintas de participio para un mismo verbo, como es el caso de los usuales freído y frito, del verbo freír, ante los cuales el usuario se pregunta sobre su corrección o incorrección. Sucede que nuestra lengua ofrece, a través de su ya dilatada historia, bastantes ejemplos de vacilaciones en la formación de las palabras, de tal modo que en algunos casos solo al cabo de un tiempo se decantan los hablantes por una de las variantes utilizadas; en otras ocasiones la vacilación ha dado lugar a dobletes perdurables con total vigor de uso. Este es el caso que nos ocupa, idéntico en cuanto a su esencia al de imprimido e impreso. Una de las formas es un participio construido de acuerdo con los modelos generales que nos ofrece la lengua, en tanto que el otro es un participio que sigue la norma latina y que da lugar a la existencia de una palabra "irregular" pero aceptada por las normas idiomáticas. En algunos de estos dobletes solo es posible atender a la frecuencia de uso, que es lo que nos revelará la mayor o menor aceptación de cada unidad: nuestros cocineros y cocineras suelen decirnos he frito las sardinas, al igual que un librero nos diría este libro se ha impreso en Barcelona. Pero no es excepcional el hecho de que haya una frecuencia de uso similar, como puede observarse en las formas del verbo proveer : provisto y proveído. En otros de estos dobletes ha desaparecido la igualdad de valores y cada unidad se ha especializado en cuanto a su significado o categoría gramatical. Así podemos comprobarlo fácilmente en ejemplos como los participios bendecido, maldecido y suspendido frente a los adjetivos bendito, maldito y suspenso. La variedad y riqueza de nuestra lengua nos ofrece incluso la existencia de pequeños matices en estas alternancias, como puede verse entre electo referido a la persona que ha resultado recientemente elegida y aún no ha tomado posesión de su cargo y el "regular" elegido. No se trata por tanto de corrección o incorrección, sino de aceptación o rechazo para el uso concreto de cada unidad. Y no olvidemos que las normas lingüísticas son absolutamente cambiantes, casi tanto como las modas. |
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