Volver 98. "No te olvides el cepillo de dientes"

Muy olvidadizos debemos de ser los hispanohablantes cuando, para la expresión de la noción de 'olvidar', disponemos nada menos que de tres estructuras sintácticas, igualmente correctas, que dan forma concreta diversa a la misma base léxica. Tres variaciones sobre un mismo tema: 1) olvidar + objeto directo (olvidé el paraguas); 2) olvidarse + de, preposición que introduce el complemento verbal llamado suplemento (me olvidé del paraguas); 3) olvidarse + dativo del pronombre personal correspondiente (me, te, le, nos, os, o les) + sujeto (se me olvidó el paraguas).

¡Pues aún nos parecen pocas! Últimamente está pululando una cuarta variante, esta vez incorrecta, fruto bastardo de un cruce entre las dos primeras construcciones indicadas arriba. Se trata de olvidarse + objeto directo (*me olvidé el paraguas), en la que se toma de "2)" el verbo pronominal, y de "1)" el régimen sintáctico. Una prueba contundente de que esta estructura espuria ha arraigado con firmeza es que no se ha tenido ningún empacho en dar a un recentísimo programa televisivo semanal el título que sirve de epígrafe a esta columna. Y esa prueba será definitiva si usted, paciente lector, me reconoce no haber advertido anomalía en dicho rótulo. No cabe duda, somos muy olvidadizos.

Algo parecido ocurre también con el verbo que expresa la noción opuesta. Cada vez se oye más *recordarse (*Me recuerdo de su hijo, *¿No te recuerdas de aquel día?), que así mismo es fruto vulgar de un cruce entre acordarse y recordar: del primero toma el carácter pronominal; del segundo, la base léxica.

Repare usted en que decir *Se olvidaron mi encargo o *No me recuerdo de nada, en vez de Se olvidaron de mi encargo o No recuerdo nada, es como decir, respectivamente, *Se arrepintieron sus palabras o *No me observo de nada raro, en lugar de Se arrepintieron de sus palabras o No observo nada raro.

Así que, por favor, no se recuerde: acuérdese de algo o recuérdelo. Que no se le olvide no olvidarlo. Y, si va de viaje, le recomiendo, por higiene (dental y lingüística), que no se olvide del cepillo de dientes.


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