Volver 105. Un error de cierta repercusión

Las frecuentes amenazas contra nuestra exigua economía familiar provocan, a buen seguro, malas caras y peores sensaciones en todos los consumidores. Algunas veces, uno siente que esas malas sensaciones se acrecientan irremediablemente, porque el anuncio de subidas de precios o impuestos viene acompañado de disparates idiomáticos, de modo que afecta no sólo al bolsillo, sino también a nuestra conciencia lingüística.

Lo cierto es que en un caso concreto ambas cosas suelen ir, por desgracia, muy unidas. Véanlo si no. El personaje de turno -ministro, economista, locutor, tertuliano- nos lanza la siguiente advertencia: "El Gobierno *repercutirá inmediatamente este aumento del costo del barril de petróleo en el precio de los carburantes"; y no niego que efectivamente el precio del dichoso barril tenga algo que ver con el de la gasolina, pero opino que deberíamos evitar tanta repercusión.

La razón es que en el uso que se hace de este verbo en construcciones semejantes se cometen dos errores, imbricados uno en el otro: en lo que atañe al significado, está claro que no es la acepción propia de dicho verbo la que se quiere transmitir; repercutir significa ‘trascender, causar efecto una cosa en otra ulterior’, como puede verse en ejemplos adecuados tal que La mala alimentación repercute en la salud de muchos cubanos y La bajada de los precios repercutirá en el mercado de la vivenda ; es decir, un hecho encuentra eco en otro, produciendo lo que algunos llaman efecto dominó; pero, en la frase que nos ocupa, lo que se está diciendo es que el aumento en los costos se va a incluir en el precio del combustible y que éste reflejará la subida de precio del petróleo, para lo cual bastaría con que se utilizase cualquiera de los verbos subrayados. Por otro lado, al querer darle ese significado, el verbo repercutir cambia su carácter gramatical y se hace transitivo, de modo que no es raro encontrarlo en expresiones pasivas, totalmente extrañas para él: el aumento *será repercutido en breves días.

No es que nos opongamos a los cambios, a las innovaciones en el uso lingüístico, lo que pedimos es que éstas no obedezcan al desconocimiento, a la irreflexión, sino a la necesidad y a la búsqueda del enriquecimiento lingüístico; que no seamos necios imitando sumisamente disparates que repercuten en el uso general de la lengua.


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