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| 108. A vueltas con quizá | ||
Como en tantas otras cuestiones que atañen al comportamiento humano, ocurre a veces en lo que se refiere al lenguaje que no podemos determinar tajantemente si una forma de expresión es rechazable de todo punto o podemos considerarla digna de ser usada sin grave reparo. Así me ocurrió ante el planteamiento de una pregunta como ¿Debe decirse quizá o quizás?; quien la hacía era ya sabedor de que la Real Academia prefiere, y así lo corrobora en su Diccionario, la forma quizá y ello por razones inobjetables: es la primera forma documentada de las dos, heredera de la medieval quiçab (que está presente ya en el Poema de Mio Cid, escrito hacia la mitad del siglo XII) la cual procede de la fórmula latina qui sapit ? con el significado de ‘¿Quién sabe?’; en tanto que la forma con -s añadida (fenómeno fonético-gramatical que se constata en varias formas adverbiales) no aparece escrita hasta el siglo XVI, y entre los mismos autores que la emplean entonces es utilizada con la apreciación de variante más propia de rústicos. Sin embargo, a pesar de estos datos que la historia de nuestra lengua nos proporciona, el uso actual no parece inclinarse decididamente hacia el derrotero marcado por la Academia, y ambas formas se oyen con una frecuencia similar en boca de personas cultas y gozan de parecida consideración en la lengua escrita. Una obra tan cuidadosa como el Diccionario de dudas del académico D. Manuel Seco afirma sencillamente: "Puede decirse indistintamente quizá o quizás"; y efectivamente poco podemos añadir nosotros que ayude a inclinar la balanza. Podemos afirmar que consideramos preferible la primera, pero no debemos censurar la segunda, dada su raigambre en todo el ámbito de nuestra comunidad de hablantes y su frecuencia de uso. Es uno de esos casos en que podemos afirmar: a gusto del consumidor. |
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