Volver 196. Si usas latines, úsalos bien

Nadie trabaja *de gratis, le oía decir con frecuencia a un viejecillo, que deseaba resumir así su impresión acerca del comportamiento de sus semejantes; para él *de gratis era, al parecer, expresión de tronío frente a de balde, que consideraba más vulgar; claro que el buen hombre no se podía percatar del retorcimiento sintáctico a que sometía la expresión latina, al anteponerle esa preposición de, innecesaria para marcar un valor adverbial, ya que por sí sola es un adverbio y equivale a gratuitamente, de balde.

Ocurre que son bastantes las expresiones latinas, de carácter adverbial sobre todo, con que aderezamos nuestras frases, aprovechando su valor de fórmulas cultas con un significado fijo e inalterable; pero no siempre respetamos su forma originaria. En más de una ocasión las deformamos al asemejarlas a otras palabras de nuestra propia lengua, como ocurre con motu proprio 'por propia voluntad', que transformamos en *motu propio creyendo que estamos ante el adjetivo castellano, cuya pronunciación es más fácil; o con la fórmula usada en la bendición papal urbi et orbi, que muchos reproducen como *urbi et orbe, arrastrados por nuestro sustantivo orbe. Otras veces, la terminación de una de las palabras se extiende también a la que la acompaña: stricto sensu 'en sentido estricto' se convierte en *strictu sensu o en *stricto senso.

Un proceso semejante al que se observa en el ejemplo que nos servía de entrada, con añadido innecesario de una preposición, es perceptible en la locución, muy usada, ex profeso 'deliberadamente, a propósito', que encontramos mal empleada en Hubo de volver *de ex profeso a casa (con el matiz de 'con ese único propósito'); igual que grosso modo 'aproximadamente' en Calculo que *a grosso modo habrá unos diez mil espectadores; así como motu proprio en No lo hará *de motu proprio. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero no lo considero necesario; creo que es fácil percibir la razón de tales desajustes: aplicamos nuestra sintaxis a expresiones de otra lengua, sin advertir que lo adecuado sería mantener el uso propio de esa lengua, o bien emplear las expresiones castellanas y no las latinas. En cualquier caso, si deseamos darle un aire culto a nuestras frases, hagámoslo, pero hagámoslo bien.


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