 |
|
Conmemoración.
Un total de 18 duros días de escaramuzas
aguantaron los logroñeses, a base
de pan, peces y vino. De ahí el
tradicional reparto. / JUSTO RODRÍGUEZ |
|
CUATRO
INTENSAS JORNADAS
El programa de actos de las
fiestas bernabeas combina tradición
y ocio en una diversa oferta adaptada
a todo tipo de públicos
La conmemoración de la liberación
de Logroño del sitio francés
en 1521 merece un nutrido programa de
actos. Por ello, el Ayuntamiento de
Logroño ha preparado un completo
elenco de actividades, que combinan
tradición y el ocio.
Gigantes y cabezudos, degustaciones
gastronómicas y teatro infantil
comparten protagonismo con eventos deportivos
como el XXI Torneo de Pelota de San
Bernabé y muestras expositivas
como la XXIII Feria Nacional de Cerámica
y Alfarería, el Mercado de Artesanía
Agroalimentaria, la Feria de Ganado
o el VII Mercado de las Viandas. Una
oferta diversa para todo tipo de públicos,
entre la que destaca la celebración
de actos, que, como cada año,
recuerdan la hazaña de los logroñeses.
La tradicional representación
de El Reloj de San Bernabé (9,
10 y 11 de junio), en el balcón
del Ateneo Riojano, y la ofrenda de
flores y acto de evocación histórica
de la ciudad (10 de junio) son algunas
de las actividades que sirven de antesala
a la ofrenda del Pan, Pez y Vino.
La degustación de truchas congregará
el 11 de junio a numerosos ciudadanos.
El evento irá precedido, acompañado
y sucedido por la honra al santo patrón
y los que lucharon en el sitio. El traslado
de la imagen de San Bernabé hasta
el Revellín y las vísperas
en honor al santo (10 de junio), la
Misa Solemne en la Concatedral de La
Redonda (11 de junio) y la Misa de Réquiem
por los héroes (12 de junio)
son algunos ejemplos.
|
LOGROÑO
HONRA AL VALOR
E. Ojeda
Prestar ayuda al
destronado rey de Navarra, Enrique de Albret,
fue la excusa que se esgrimió para
enviar un ejército francés de
camino a las puertas de Logroño en
1521. Carlos I –‘El Emperador’–
había marchado a Flandes durante esos
días y, en su ausencia, las tropas
de Francisco I –apodado ‘El Rey
Narigón’- decidieron apostar
por la conquista de nuevos territorios.
Bajo mando del señor de Asparrot, el
regimiento tomó Pamplona y, no sin
antes pasar sobre las plazas de Estella y
Viana, se dirigió a la actual capital
riojana. Dicen los anales que Pedro Vélez
de Guevara gobernaba por aquel entonces en
la villa como corregidor y capitán
de fronteras, cargos que desempeñaba
asimismo en las localidades cercanas de Calahorra
y Laguardia.
También narra la historia que fueron
varias las misivas que se enviaron Asparrot
y el corregidor de Logroño. Mientras
uno solicitaba paso de su ejército
hacia las tierras castellanas; el otro se
resistía en el interior, optando por
ser leal a Carlos I. Vélez de Guevara
no creyó la promesa de Asparrot de
pasar por Logroño con respeto a «haciendas
y vidas» y con el consentimiento del
pueblo, reunido en el interior de la iglesia
de Santiago, negó la entrada a la villa
de las fuerzas francesas.
Así las cosas, el cerco se convirtió
en cruda realidad el 25 de mayo. Un total
de 18 duros días de escaramuzas aguantaron
los logroñeses, a base de pan, peces
y vino. El sitio francés a Logroño
fue un tira y afloja que terminó el
10 de junio con la retirada de Asparrot. La
intervención de las tropas de Antonio
Manrique de Lara, duque de Nájera fue
clave. Con sus 20.000 hombres pisándoles
los talones, los franceses no tuvieron otra
alternativa que levantarse y renunciar a entrar
en Logroño.
El día siguiente fue una fiesta en
la ciudad. El calendario marcaba 11 de junio
y el santoral el día de San Bernabé,
por lo que los esforzados lugareños
decidieron jurarle devoción al santo
aquella jornada. Desde entonces, Logroño
le rinde honores como patrón de la
ciudad y cumple anualmente con lo prometido
en el Voto de San Bernabé aquel día,
a través del alcalde de la ciudad.
Dieciocho días de resistencia
Como manda la tradición, el máximo
mandatario de la ciudad, el alcalde, Julio
Revuelta, repetirá hoy el rito de los
banderazos. La tradición, una manera
de expresión de la posesión
de los logroñeses sobre su ciudad,
volverá a sus escenarios por antonomasia,
los lugares donde se levantaron las puertas
de entrada a la ciudad.
Así, el primer ondeo de la bandera
de Logroño se realizará bajo
el Arco de San Bernabé, que cada año
se yergue frente al antiguo Consistorio de
la ciudad, en el inicio de la calle Portales.
El Ayuntamiento logroñés decidió
su colocación en 1767, año a
partir del cual los ciudadanos discurren cada
11 de junio bajo su verdusco andamiaje. Cuentan
que, en épocas anteriores, se llegaron
a colocar hasta cinco, uno por cada puerta
de entrada a la ciudad.
Cargado de mito y tradición, muchos
habitantes de Logroño continúan
lanzando deseos al aire, en voz alta o en
silencio, o robando alguna pequeña
rama de su estructura cuando pasan bajo su
puerta. Allí, lugar donde se levantaba
la Puerta de la Erbentia, se iniciará
esta mañana un recorrido que irá
a parar más tarde frente al Hospital
de La Rioja. Este espacio, antiguo emplazamiento
de la Puerta de San Francisco, será
testigo de la segunda parada de la procesión
en honor a San Bernabé y aquellos que
defendieron Logroño de los franceses.
En tercer y último lugar, Revuelta
hará bailar la bandera logroñesa
a las puertas del Revellín, donde se
situaba la Puerta del Camino. A la sombra
del arco del que fue el cinturón amurallado
de la ciudad, se dará por finalizado
el acto.
La simbología de las fiestas bernabeas
no se agota, sin embargo, en los banderazos.
Las celebraciones en honor a la liberación
de Logroño del sitio francés
encuentran otras numerosas muestras de tradición.
El pendón de Logroño, protagonista
indiscutible de la tradición de los
banderazos, es, sin ir más lejos, uno
de ellas. Una cruz en forma de aspa que simboliza
el sacrificio de San Andrés lo protagoniza.
No es el único elemento que exhibe
el citado símbolo en la capital riojana.
La cruz, reconocida oficialmente en el siglo
XVIII, se puede encontrar en diversos blasones
de Logroño. En concreto, este símbolo
fue concedido por Fernando II El Santo para
la bandera logroñesa con motivo de
la ayuda prestada por la ciudad en la toma
de Baeza en 1227.
Al pendón o bandera de la ciudad, se
añaden otros elementos de relevancia
para los logroñeses como la flor de
Lys, símbolo concedido en el siglo
XVI por Carlos I a Logroño, o los propios
peces, panes y jarritos de vino que se reparten
cada 11 de junio.
Volver
|