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San Bernabé 2006
SAN BERNABÉ
EL ACTO
TRADICIONES
Conmemoración. Un total de 18 duros días de escaramuzas aguantaron los logroñeses, a base de pan, peces y vino. De ahí el tradicional reparto. / JUSTO RODRÍGUEZ

CUATRO INTENSAS JORNADAS
El programa de actos de las fiestas bernabeas combina tradición
y ocio en una diversa oferta adaptada a todo tipo de públicos

La conmemoración de la liberación de Logroño del sitio francés en 1521 merece un nutrido programa de actos. Por ello, el Ayuntamiento de Logroño ha preparado un completo elenco de actividades, que combinan tradición y el ocio.
Gigantes y cabezudos, degustaciones gastronómicas y teatro infantil comparten protagonismo con eventos deportivos como el XXI Torneo de Pelota de San Bernabé y muestras expositivas como la XXIII Feria Nacional de Cerámica y Alfarería, el Mercado de Artesanía Agroalimentaria, la Feria de Ganado o el VII Mercado de las Viandas. Una oferta diversa para todo tipo de públicos, entre la que destaca la celebración de actos, que, como cada año, recuerdan la hazaña de los logroñeses.
La tradicional representación de El Reloj de San Bernabé (9, 10 y 11 de junio), en el balcón del Ateneo Riojano, y la ofrenda de flores y acto de evocación histórica de la ciudad (10 de junio) son algunas de las actividades que sirven de antesala a la ofrenda del Pan, Pez y Vino.
La degustación de truchas congregará el 11 de junio a numerosos ciudadanos. El evento irá precedido, acompañado y sucedido por la honra al santo patrón y los que lucharon en el sitio. El traslado de la imagen de San Bernabé hasta el Revellín y las vísperas en honor al santo (10 de junio), la Misa Solemne en la Concatedral de La Redonda (11 de junio) y la Misa de Réquiem por los héroes (12 de junio) son algunos ejemplos.

LOGROÑO HONRA AL VALOR

E. Ojeda

Prestar ayuda al destronado rey de Navarra, Enrique de Albret, fue la excusa que se esgrimió para enviar un ejército francés de camino a las puertas de Logroño en 1521. Carlos I –‘El Emperador’– había marchado a Flandes durante esos días y, en su ausencia, las tropas de Francisco I –apodado ‘El Rey Narigón’- decidieron apostar por la conquista de nuevos territorios.

Bajo mando del señor de Asparrot, el regimiento tomó Pamplona y, no sin antes pasar sobre las plazas de Estella y Viana, se dirigió a la actual capital riojana. Dicen los anales que Pedro Vélez de Guevara gobernaba por aquel entonces en la villa como corregidor y capitán de fronteras, cargos que desempeñaba asimismo en las localidades cercanas de Calahorra y Laguardia.

También narra la historia que fueron varias las misivas que se enviaron Asparrot y el corregidor de Logroño. Mientras uno solicitaba paso de su ejército hacia las tierras castellanas; el otro se resistía en el interior, optando por ser leal a Carlos I. Vélez de Guevara no creyó la promesa de Asparrot de pasar por Logroño con respeto a «haciendas y vidas» y con el consentimiento del pueblo, reunido en el interior de la iglesia de Santiago, negó la entrada a la villa de las fuerzas francesas.

Así las cosas, el cerco se convirtió en cruda realidad el 25 de mayo. Un total de 18 duros días de escaramuzas aguantaron los logroñeses, a base de pan, peces y vino. El sitio francés a Logroño fue un tira y afloja que terminó el 10 de junio con la retirada de Asparrot. La intervención de las tropas de Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera fue clave. Con sus 20.000 hombres pisándoles los talones, los franceses no tuvieron otra alternativa que levantarse y renunciar a entrar en Logroño.

El día siguiente fue una fiesta en la ciudad. El calendario marcaba 11 de junio y el santoral el día de San Bernabé, por lo que los esforzados lugareños decidieron jurarle devoción al santo aquella jornada. Desde entonces, Logroño le rinde honores como patrón de la ciudad y cumple anualmente con lo prometido en el Voto de San Bernabé aquel día, a través del alcalde de la ciudad.

Dieciocho días de resistencia

Como manda la tradición, el máximo mandatario de la ciudad, el alcalde, Julio Revuelta, repetirá hoy el rito de los banderazos. La tradición, una manera de expresión de la posesión de los logroñeses sobre su ciudad, volverá a sus escenarios por antonomasia, los lugares donde se levantaron las puertas de entrada a la ciudad.

Así, el primer ondeo de la bandera de Logroño se realizará bajo el Arco de San Bernabé, que cada año se yergue frente al antiguo Consistorio de la ciudad, en el inicio de la calle Portales. El Ayuntamiento logroñés decidió su colocación en 1767, año a partir del cual los ciudadanos discurren cada 11 de junio bajo su verdusco andamiaje. Cuentan que, en épocas anteriores, se llegaron a colocar hasta cinco, uno por cada puerta de entrada a la ciudad.

Cargado de mito y tradición, muchos habitantes de Logroño continúan lanzando deseos al aire, en voz alta o en silencio, o robando alguna pequeña rama de su estructura cuando pasan bajo su puerta. Allí, lugar donde se levantaba la Puerta de la Erbentia, se iniciará esta mañana un recorrido que irá a parar más tarde frente al Hospital de La Rioja. Este espacio, antiguo emplazamiento de la Puerta de San Francisco, será testigo de la segunda parada de la procesión en honor a San Bernabé y aquellos que defendieron Logroño de los franceses. En tercer y último lugar, Revuelta hará bailar la bandera logroñesa a las puertas del Revellín, donde se situaba la Puerta del Camino. A la sombra del arco del que fue el cinturón amurallado de la ciudad, se dará por finalizado el acto.

La simbología de las fiestas bernabeas no se agota, sin embargo, en los banderazos. Las celebraciones en honor a la liberación de Logroño del sitio francés encuentran otras numerosas muestras de tradición. El pendón de Logroño, protagonista indiscutible de la tradición de los banderazos, es, sin ir más lejos, uno de ellas. Una cruz en forma de aspa que simboliza el sacrificio de San Andrés lo protagoniza. No es el único elemento que exhibe el citado símbolo en la capital riojana. La cruz, reconocida oficialmente en el siglo XVIII, se puede encontrar en diversos blasones de Logroño. En concreto, este símbolo fue concedido por Fernando II El Santo para la bandera logroñesa con motivo de la ayuda prestada por la ciudad en la toma de Baeza en 1227.
Al pendón o bandera de la ciudad, se añaden otros elementos de relevancia para los logroñeses como la flor de Lys, símbolo concedido en el siglo XVI por Carlos I a Logroño, o los propios peces, panes y jarritos de vino que se reparten cada 11 de junio.





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