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| Tradicional
banderazo del alcalde bajo el arco del
Revellín .
/E. DEL RÍO |
UNA
CELEBRACIÓN MUY LOGROÑESA
Llegan
las fiestas de San Bernabé, patrón
de Logroño y con ella unos cuantos
días de fiesta y diversión.
Son varias las tradiciones que se siguen durante
estas fiestas tan señaladas: Procesión
del Santo, Banderazos del Alcalde y, especialmente,
el reparto del pan y el pez por parte de la
Cofradía del Pez, un acto multitudinario
en el que se conmemora la victoria de los
logroñeses en la batalla contra los
franceses. Pero además son muchos otros
los actos para celebrar estos días:
verbenas, conciertos, actividades infantiles...
P.G.M.
Llega la fiesta a Logroño cuando el
verano ya casi se atisba en las peladas faldas
del monte Cantabria, ése que abraza
el norte de la ciudad un día sitiada
por el galo invasor y por fin libre gracias
a una victoria ciudadana que puso a salvo
a aquellos logroñeses de 1521 de las
tropas comandadas por un sobrio y orgulloso
general francés llamado Asparrot. Pedro
Vélez de Guevara era el que gobernaba
Logroño con título de corregidor
y capitán de Fronteras. En esto, un
cuerpo del ejército francés,
con la excusa de ayudar a un destronado rey
navarro y después de haber tomado Pamplona
y rebasar ciudades como Estella y Viana, pretendía
pasar por Logroño para llegar a Castilla
con la promesa de respetar la vida y hacienda
de todos los ciudadanos.
Leales al Rey
de España
Asparrot y Vélez
de Guevara parlamentaron por carta y no fueron
capaces de llegar a ningún acuerdo.
Así que el pueblo logroñés
se juramentó en Junta General, celebrada
en la iglesia de Santiago, y dio la negativa
a la tropa invasora permaneciendo fiel y leal
al Rey de España. El 25 de mayo de
1521 la ciudad amaneció sitiada por
la tropa francesa que iba armada hasta los
dientes, con arcabuces, cañones y demás
arsenales de la época. Logroño
vivía una situación inaudita
y aquel envite no amilanó a la población,
sino que por el contrario le sirvió
para hacerse fuerte y soportar con ánimo
el absoluto embargo que el ejército
francés impuso a la ciudadanía.
Pero cuando el general galo se enteró
el 10 de junio de 1521 de que 20.000
hombres armados hasta los dientes acompañaban
a Antonio Manrique, a la sazón duque
de Nájera y virrey de Navarra, con
la intención de plantar cara al invasor,
levantó sus reales de las inmediaciones
de nuestra ciudad y volvió las grupas
de sus caballerías dirección
a los Pirineos.
Victoria final
La ciudad, toda ella
sumida en el más emotivo y profundo
de los alborozos, celebró su resistencia
a los francés y su victoria final.
Así que al día siguiente, 11
de junio, la ciudad toda juró el Voto
de San Bernabé, que cada año
se conmemora en recuerdo de la gesta de 1521.
Pero después de los más de cinco
siglos que han transcurrido desde aquella
fecha mítica a los albores del siglo
XXI, muy pocas cosas han cambiado en la forma
que tienen los logroñeses de celebrar
estas fiestas. Se sabe que durante los siglos
XVI y XVII se llegaban a colocar cinco arcos
triunfales muy parecidos al único que
ahora se instala frente al palacio de los
Chapiteles. Y como el Voto de San Bernabé
señala, la procesión pasa por
debajo de este gran símbolo. Y a su
cabeza, el alcalde de la ciudad portando el
pendón. Existen, además, tres
lugares estratégicos donde el máximo
mandatario local tiene que cumplir con la
encomienda de los banderazos: el primero bajo
el arco de San Bernabé como símbolo
de la Puerta de la Erbentia; el segundo,
frente al Hospital de La Rioja, donde un día
estuvo erguida la Puerta de San Francisco
y el último y más emblemático,
a la sombra del arco del Revellín,
la única que permanece en pie de lo
que en su tiempo fue el cinturón defensivo
de la ciudad. Así que con el pez y
el vino, los banderazos y la procesión
de San Bernabé, Logroño recuerda
sus hechos más míticos.
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