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San Bernabé 2007
TRADICIÓN
BENDITO ALEVÍN
SAN BERNABÉ
El presidente Pedro Sanz cumplió con la tradición del pez, tras la procesión. /J. RODRÍGUEZ
EL COLOFÓN A TODO EL TRABAJO

La jornada cumbre para un miembro de la Cofradía del Pez puede parecer que es la del día de San Bernabé, lo que sí es cierto en cuanto a la espectacularidad del acto que se desarrolla en torno a la ofrenda de pan, el pez y el vino, pero esto es el colofón de una larga serie de gestiones que se realizan mucho antes. Es realmente importante el lograr la colaboración del Ayuntamiento para que el escenario y sus instalaciones complementarias queden en condiciones adecuadas para que tanto la preparación de la zona de fritura como la distribución de la ofrenda quede funcional, en el primer caso y fluida en el segundo.

Hay que decir a toda prisa que los servicios municipales han estado espléndidos, consiguiendo un ambiente cómodo y eficaz, lo que no es fácil lograr en un acontecimiento multitudinario donde se forman largas colas y todos quieren llegar los primeros. Se mantiene la picaresca de la que llega, generalmente es una mujer, pidiendo un pez y un bollito más para el marido que se encuentra enfermo en la cama.

Los cofrades llegan a la tarea después de dos capítulos previos verdaderamente entrañales. Íntimo el de la misa que se hace a primera hora de la mañana, que ahora se celebra en la capilla de la Iglesia de Santiago, que ha sido restaurada, donde se venera en soledad la imagen de un Cristo crucificado, de estilo románico, que contribuye a impresionar a los asistentes y que es oficiada por el asesor religioso de la cofradía, Carlos de la Concepción, que hace llegar con verbo sencillo, como es el propio de un compañero de Cofradía, el espíritu que la alienta de puro logroñesisno.

Tras la ceremonia religiosa se pasa a degustar en el cercano café Moderno el desayuno, que consiste en migas con huevo frito y cerezas de postre, que se comparte con el alcalde, algunos concejales e invitados.

Terminado el desayuno, la comitiva asciende por la Costanilla hasta las inmediaciones del Revellín, donde se hace una primera fritura de los peces que en este caso son truchas, que también son peces, dicho sea para los susceptibles, para proceder a su bendición, que realiza el asesor religioso, que se rubrica con los enérgicos vivas que tradicionalmente proclama el veterano y entusiasta cofrade Ricardo Sáenz de Santa María, que son contestados unánimamente. Seguidamente, el primero de la fila, Victorino Cuadra, que lleva esperando desde las ocho menos cuarto, como tantos años, el pan, el pez y el vino, canta una jota alusiva. A partir de ahí, todos a trabajar, ayudados por muchos colaboradores, que suelen ser hijos y nietos de cofrades y amigos.

La Cofradía del Pez repartió 25.000 raciones de trucha, pan y vino, cumpliendo con el voto de San Bernabé

E. ESPINOSA/LOGROÑO

Victorino Cuadra volvió a ser el primero en probar el pez. Guardó fila en El Revellín desde las ocho menos cuarto de la mañana y, tras el bendito bocado, brindó una jota al patrón de la ciudad. Tras él, cientos de logroñeses y visitantes cumplieron con el ‘voto’ de San Bernabé, a cuyo éxito también contribuyó el tiempo, con su soleada tregua.

El reparto arrancó a las 9.30 horas. Para entonces, en las seis perolas dispuestas para la fritura (con 25 litros de capacidad cada una) burbujeaba el ‘Rihuelo’ y las primeras truchas alevín remontaban la ola de aceite. Lorenzo Cañas cató un ejemplar de la primera remesa. ¡Al punto¡ A partir de ahí, los pececillos desfilaron, ya doraditos, a razón de 5.000 cada hora.

Casi cinco horas después, los ciudadanos habían dado cuenta de unas 25.000 piezas de trucha alevín, servidas con su correspondiente bollo de pan y jarrito de vino. El voto se cumplió un año más, y con éxito, gracias a los 26 miembros de la Cofradía del Pez, garantes de esta tradición logroñesa desde 1940.

Vino y toldos nuevos
Aunque siempre marcado por el mismo ritual, el reparto del pez resulta diferente cada año. Este año discurrió fluido y fresco hasta media mañana, para después elevar su temperatura ambiente y apretar las seis filas donde los ciudadanos esperaban su turno. Con todo, apenas se escucharon peros en las inmediaciones y sí muchísimas alabanzas hacia el pez, pronto hecho raspa. «¡Está buenísimo. Mejor que nunca!», exclamaban no pocos, apurando el jarrito de vino (el único que obliga al pago de un euro para sufragar el coste de la cerámica).

El vino, este año donado por la Fundación para la Cultura del Vino ‘Dinastía Vivanco’, también fue motivo de loa. Y hasta del pan, procedente de las panaderías ‘Paraíso’, se dio buena cuenta.

Los madrugadores, los peregrinos de primera hora y los más avispados pudieron repetir bocado. Otros, optaron por reservar alguna ración para los familiares enfermos, porque –como apuntaba con humor Lorenzo Cañas– «este día hay mucha gente enferma». El momento álgido se vivió con la llegada de la procesión y su cortejo. A partir de ahí, los cofrades relajaron el ritmo, apuraron el último pez y algún cangrejo que rojeaba en las inmediaciones.

La Cofradía del Pez contó con la ayuda de más voluntarios que nunca para el reparto. «Más de ochenta personas –calculó el cofrade Jesús Perea–, entre ellas muchos jóvenes, porque involucramos a los hijos y nietos para que nos echen una mano».

Como novedad, sobre los mostradores se desplegaron varios toldos para mitigar el sol. «Nos los ha cedido el Ayuntamiento –explicó– porque, debido a la exposición ‘La Rioja Tierra Abierta’, hemos tenido que separarnos unos cuatro metros de la muralla». E insistió en que «cada año intentamos dar mejor servicio y mejores condiciones; y de hace cuatro años a esta parte se ha notado mucho, sobre todo con el cambio del pez, que no cubría las condiciones fitosanitarias, por la trucha».

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