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| El
presidente Pedro Sanz cumplió con
la tradición del pez, tras la procesión.
/J. RODRÍGUEZ |
EL
COLOFÓN A TODO EL TRABAJO
La jornada cumbre para un miembro de la
Cofradía del Pez puede parecer
que es la del día de San Bernabé,
lo que sí es cierto en cuanto a
la espectacularidad del acto que se desarrolla
en torno a la ofrenda de pan, el pez y
el vino, pero esto es el colofón
de una larga serie de gestiones que se
realizan mucho antes. Es realmente importante
el lograr la colaboración del Ayuntamiento
para que el escenario y sus instalaciones
complementarias queden en condiciones
adecuadas para que tanto la preparación
de la zona de fritura como la distribución
de la ofrenda quede funcional, en el primer
caso y fluida en el segundo.
Hay que decir a toda prisa que los servicios
municipales han estado espléndidos,
consiguiendo un ambiente cómodo
y eficaz, lo que no es fácil lograr
en un acontecimiento multitudinario donde
se forman largas colas y todos quieren
llegar los primeros. Se mantiene la picaresca
de la que llega, generalmente es una mujer,
pidiendo un pez y un bollito más
para el marido que se encuentra enfermo
en la cama.
Los cofrades llegan a la tarea después
de dos capítulos previos verdaderamente
entrañales. Íntimo el de
la misa que se hace a primera hora de
la mañana, que ahora se celebra
en la capilla de la Iglesia de Santiago,
que ha sido restaurada, donde se venera
en soledad la imagen de un Cristo crucificado,
de estilo románico, que contribuye
a impresionar a los asistentes y que es
oficiada por el asesor religioso de la
cofradía, Carlos de la Concepción,
que hace llegar con verbo sencillo, como
es el propio de un compañero de
Cofradía, el espíritu que
la alienta de puro logroñesisno.
Tras la ceremonia religiosa se pasa a
degustar en el cercano café Moderno
el desayuno, que consiste en migas con
huevo frito y cerezas de postre, que se
comparte con el alcalde, algunos concejales
e invitados.
Terminado el desayuno, la comitiva asciende
por la Costanilla hasta las inmediaciones
del Revellín, donde se hace una
primera fritura de los peces que en este
caso son truchas, que también son
peces, dicho sea para los susceptibles,
para proceder a su bendición, que
realiza el asesor religioso, que se rubrica
con los enérgicos vivas que tradicionalmente
proclama el veterano y entusiasta cofrade
Ricardo Sáenz de Santa María,
que son contestados unánimamente.
Seguidamente, el primero de la fila, Victorino
Cuadra, que lleva esperando desde las
ocho menos cuarto, como tantos años,
el pan, el pez y el vino, canta una jota
alusiva. A partir de ahí, todos
a trabajar, ayudados por muchos colaboradores,
que suelen ser hijos y nietos de cofrades
y amigos. |
La
Cofradía del Pez repartió 25.000
raciones de trucha, pan y vino, cumpliendo
con el voto de San Bernabé
E. ESPINOSA/LOGROÑO
Victorino Cuadra volvió a ser el primero
en probar el pez. Guardó fila en El
Revellín desde las ocho menos cuarto
de la mañana y, tras el bendito bocado,
brindó una jota al patrón de
la ciudad. Tras él, cientos de logroñeses
y visitantes cumplieron con el ‘voto’
de San Bernabé, a cuyo éxito
también contribuyó el tiempo,
con su soleada tregua.
El reparto arrancó a las 9.30 horas.
Para entonces, en las seis perolas dispuestas
para la fritura (con 25 litros de capacidad
cada una) burbujeaba el ‘Rihuelo’
y las primeras truchas alevín remontaban
la ola de aceite. Lorenzo Cañas cató
un ejemplar de la primera remesa. ¡Al
punto¡ A partir de ahí, los pececillos
desfilaron, ya doraditos, a razón de
5.000 cada hora.
Casi cinco horas después, los ciudadanos
habían dado cuenta de unas 25.000 piezas
de trucha alevín, servidas con su correspondiente
bollo de pan y jarrito de vino. El voto se
cumplió un año más, y
con éxito, gracias a los 26 miembros
de la Cofradía del Pez, garantes de
esta tradición logroñesa desde
1940.
Vino y toldos nuevos
Aunque siempre marcado por el mismo ritual,
el reparto del pez resulta diferente cada
año. Este año discurrió
fluido y fresco hasta media mañana,
para después elevar su temperatura
ambiente y apretar las seis filas donde los
ciudadanos esperaban su turno. Con todo, apenas
se escucharon peros en las inmediaciones y
sí muchísimas alabanzas hacia
el pez, pronto hecho raspa. «¡Está
buenísimo. Mejor que nunca!»,
exclamaban no pocos, apurando el jarrito de
vino (el único que obliga al pago de
un euro para sufragar el coste de la cerámica).
El vino, este año donado por la Fundación
para la Cultura del Vino ‘Dinastía
Vivanco’, también fue motivo
de loa. Y hasta del pan, procedente de las
panaderías ‘Paraíso’,
se dio buena cuenta.
Los madrugadores, los peregrinos de primera
hora y los más avispados pudieron repetir
bocado. Otros, optaron por reservar alguna
ración para los familiares enfermos,
porque –como apuntaba con humor Lorenzo
Cañas– «este día
hay mucha gente enferma». El momento
álgido se vivió con la llegada
de la procesión y su cortejo. A partir
de ahí, los cofrades relajaron el ritmo,
apuraron el último pez y algún
cangrejo que rojeaba en las inmediaciones.
La Cofradía del Pez contó con
la ayuda de más voluntarios que nunca
para el reparto. «Más de ochenta
personas –calculó el cofrade
Jesús Perea–, entre ellas muchos
jóvenes, porque involucramos a los
hijos y nietos para que nos echen una mano».
Como novedad, sobre los mostradores se desplegaron
varios toldos para mitigar el sol. «Nos
los ha cedido el Ayuntamiento –explicó–
porque, debido a la exposición ‘La
Rioja Tierra Abierta’, hemos tenido
que separarnos unos cuatro metros de la muralla».
E insistió en que «cada año
intentamos dar mejor servicio y mejores condiciones;
y de hace cuatro años a esta parte
se ha notado mucho, sobre todo con el cambio
del pez, que no cubría las condiciones
fitosanitarias, por la trucha».
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