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Al calor de las ascuas y el aceite de oliva

Chorizo, panceta y huevos con pimientos, platos mateos ayer

SONIA BARRADO - LOGROÑO

El humo y el calor inundaron ayer por la mañana la logroñesa Plaza del Mercado. El humo que salía de las parrillas sobre las ascuas y el calor no sólo del propio día, sino también el que desprendían los fogones.
Un ambiente que bien recordaba a cualquier tarde campestre de domingo y que, lejos de molestar, abría aún más, si cabe, el apetito de los presentes, que podían observar cómo se iba asando el choricillo y la panceta de la Peña Logroño y cómo se freían los huevos y pimientos que ofrecía la Peña Aster.
A las 8,30 de la mañana llegaban los primeros miembros de la Peña Logroño, cargados con 30 fardos de leña, cinco kilos de sal y 200 barras de pan; para colocar todo lo necesario de la degustación. 200 kilos de choricillo y 140 de panceta se repartieron después en diez parrillas que fueron a parar a las ascuas de la madera.

Con el buen día que hacía ayer por la mañana las labores de cocina iban más rápidas. "Con este tiempo, la panceta tarda en asarse de cinco a ocho minutos y el choricillo dos o tres", explicó José María García, socio de la peña.

Un exquisito plato del que se sirvieron dos mil raciones por 200 pesetas; acompañado de una botella de vino y pan, como es habitual en la Semana Gastronómica.

Desde que comenzó esta cita con la cocina riojana, la Peña Logroño presenta este menú, con el que pasan "mucho calor".

Pomada después de cocinar

Calor y sudores al preparar el choricillo y la panceta. Sin embargo, el menú de sus compañeros peñistas tampoco estaba exento de "riesgos". "Todos los años nos quemamos varias veces al freír los huevos", contó el presidente de Aster, Juan Sánchez, "y siempre decimos que vamos a traer pomada la próxima vez". Y de nuevo, tendrán que esperar a los 'sanmateos' del 2002: "se nos ha vuelto a olvidar", dijo Sánchez.

Los socios de la peña llegaron a las ocho y cuarto de la mañana con 250 barras de pan, 60 litros de aceite, 120 kilos de pimientos rojos y 2.500 huevos, que se ofrecieron en dos mil raciones.

Aster rompía ayer el dicho feminista de que los hombres "no saben freír ni un huevo" porque la mayoría de los que se pusieron delante de la sartén, espumadera en mano, eran varones. "Las mujeres de la peña también lo hacen bien y muchas veces los fríen ellas", argumentó el presidente.

Quienes no pudieron disfrutar de este plato en la Plaza del Mercado tenían ayer otra oportunidad, también a las once, en el Parque de Santa Juliana, de la mano de los vecinos de Madre de Dios. Y, por si fuera poco, sardinas de la Rondalosa en Martínez Zaporta.