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Atronador
fin de fiesta
Xarxa Teatro diseñó
las cubas que ardieron y las nueve peñas
desfilaron por orden de antigüedad
Ayer noche ardió
una de las más espectaculares tracas
de fin de fiesta que se recuerdan en San
Mateo. Procedían de Castellón,
al igual que las simpáticas cubas
que, tras emular a los hermanos Urdiales
en el tradicional pisado de la uva, ardieron
sin piedad ante la mirada atenta de cientos
de riojanos.
E.E. - LOGROÑO
A lo había
advertido el concejal de Festejos, Eugenio
de la Riva: la sorpresa está en
la traca final. !Y vaya si estaba! Las
fiestas mateas de 2001 se despidieron
entre una inmensa nube de humo y un atronador
espectáculo, ante el cual ni los
más pequeños pudieron romper
en llanto; tal era su impresión.
La sorpresa estaba
avalada por Xarxa Teatro, compañía
que un día antes había protagonizado
el espectáculo de pirotecnia "Deus
o besties" en El Espolón y
que ayer quiso dejar buena constancia
de un fin de fiesta atronador. No en vano,
en Castellón -su lugar de procedencia-
saben mucho de pólvora.
También suyo
era el diseño de las cubas que
ardieron sin piedad ante la atenta mirada
de los cientos de logroñeses que
ayer noche se dieron cita en la plaza
Consistorial, animados por la agradable
temperatura y por el colorido acto de
la quema de la cuba. Concretamente, lo
que se quemó fue la imagen en cartón
piedra de dos risueñas cubas que,
a su vez, protagonizaban el tradicional
pisado de la uva del día grande
de las fiestas.
Dos simpáticas
imágenes que emulaban a los hermanos
Urdiales y cuyos rostros recordaban a
las famosas "rupertas" televisivas
de Chicho, si bien no alcanzaban la suficiente
altura como para ser visibles desde todos
los puntos de la plaza.
Las llamas, sin embargo,
fueron implacables con ellas. Ardieron
a fuego vivo y durante largo tiempo, y
tal era la dimensión de las tracas
y cohetes que acompañaron su defunción
que el Ayuntamiento se vio obligado a
instalarlas en el extremo más alejado
del edificio, para evitar incidentes.
También la disposición del
vallado experimentó ciertos cambios,
lo que permitió al público
aproximarse al escenario y a las peñas
desfilar por el centro de la plaza.
Ligero retraso
Además de
la cuba, los protagonistas del último
acto de las Fiestas de la Vendimia son,
sin duda, los peñistas. Su desfile
procesional precede cada clausura de los
San Mateos, si bien el de ayer discurrió
un tanto ajustado de tiempo.
Iniciaron con cierto
retraso el desfile que transcurre desde
la plaza de la Fuente de Murrieta hasta
la del Ayuntamiento, dado que la última
corrida de la feria taurina finalizó
algo más tarde y, además,
desde la plaza de La Ribera el paseíllo
es algo más prolongado que desde
el antiguo coso taurino. Cosa que no deja
de tener mérito.
No obstante, la entrada de las nueve peñas
logroñesas a la plaza Consistorial
consiguió mantener el aire triunfalista
de quien se sabe el alma de la fiesta
-como luego lo recordaría el alcalde-.
Las peñas
se presentaron, como es tradición,
con sus respectivas cubas de vino en parihuelas
y por riguroso orden de antigüedad:
La Unión, La Simpatía, Los
Brincos, la peña Logroño,
Aster, La Alegría, Rondalosa, Revellín
y La Rioja. De su llegada y ficha técnica
(edad, uniforme, presidente,) dio buena
cuenta la maestra de ceremonias, la periodista
Marisa Salcedo.
Mientras, los peñistas
ondeaban los pañuelos, apuraban
sus coreografías festeras, sus
botas de vino y los más pequeños
invadían el escenario y esquivaban
en sus juegos los numerosos carritos de
bebé que acompañaban a cada
cuadrilla. Señal, esto último,
de que la renovación generacional
de los peñistas está garantizada.
Bajo la batuta
de Lucio
Una vez reunidas
las nueve cuadrillas, sus respectivas
bandas de música aunaron los instrumentos
para interpretar sobre el escenario -con
más o menos virtuosismo- la "Carrascosa",
"Los almacenes de Haro" y La
Jota de Logroño, repertorio que
estuvo dirigido por el maestro Lucio,
de la peña Los Brincos.
A continuación,
hicieron acto de presencia sobre el escenario
el alcalde de Logroño, Julio Revuelta;
el presidente de la Federación
de Peñas, Miguel Ángel Merino;
los Peñistas Mayores; los Vendimiadores,
y el concejal deFestejos, Eugenio de la
Riva, quien tuvo que escuchar más
de un pitido de reprobación.
El alcalde tomó
la palabra -la poca que su afonía
le permitía articular- para despedir
oficialmente las fiestas. Y, como bien
dijo, "llegado este momento, uno
no puede hablar más que con el
corazón".
Con las cuerdas vocales
confesó que los logroñeses
habían conseguido de él
algo hasta ahora imposible: "bailar
y estar con vosotros". También
tuvo palabras de agradecimiento para todos
los que han contribuido a la fiesta y
de ánimo para el Club Deportivo
Logroñés, mientras que los
"vivas" a San Mateo y a Logroño
se los repartieron los vendimiadores Aitor
Solano y Miren Irune Pérez, respectivamente.
Y tras las palabras
protocolarias, Julio Revuelta encendió
la traca final, que despidió los
san mateos 2001 de las forma más
ruidosa que se recuerda.
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