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El día en que Revuelta bailó con la charanga

La Corporación visitó ayer los chamizos de cuatro peñas y el alcalde danzó incluso al ritmo de la conga o "los gorilas"

Aunque hace pocos días él mismo decía que no se veía bailando conga, ayer el alcalde, Julio Revuelta, bailó no sólo conga, sino también "los gorilas". Y todo por efecto de las charangas de las peñas La Simpatía, Revellín, La Rioja y La Alegría, cuyos chamizos visitó la Corporación municipal.

M.J.LUMBRERAS - LOGROÑO

Chamizos engalanados. Charanga ensayada y lista. Mesa larga llena de pinchos de buen aspecto. Porrones hasta arriba. Y todo porque llega la Corporación municipal con su alcalde a la cabeza de visita. El recibimiento ha de ser con música. Después, en los saludos, todos harán como que se conocen de antiguo y, por fin, a bailar.

Ayer, los concejales visitaron cuatro peñas en un par de horas. El recorrido empezó tarde, cincuenta minutos después de lo previsto, pero los anfitriones -en este caso la peña La Simpatía-, lejos de desesperar, practicaban el repertorio en plena calle para gusto del vecindario.

No llegaban los veintisiete ediles; unos cuantos del PP, un par de ellos del PSOE y Ángel Varea, el del PR. A Julio Revuelta le tocaba abrir el baile y los de la Simpatía le ofrecieron muchos pasodobles para ir calentando y para, al final, ponerle a prueba con una conga que el otro bailó sin rechistar, platillos musicales en mano, a pesar de que hace unos días él mismo no se imaginaba en una situación de este tipo.

Y aunque los demás, menos Rodolfo Rubio, se hacían los remolones, poco a poco se fueron animando. Los concejales Pablo Santaollala y César Ortega sacaron a bailar a dos veteranas de la peña. Máximo Fraile (PP) y Concha Pérez (PSOE) dejaron a un lado sus diferencias políticas.

Y de un sitio a otro, esta vez, por proximidad, andando. Entonces aparecía Jesús Urbina. La peña Revellín aprovechó la visita para entregar los premios del concurso de zurracapote que había ganado Aster y, además, quería un retrato del alcalde bebiendo a lo alto del porrón. Aunque se quejó del caño por grande, empinó el porrón y aún tuvo que repetir para asegurar la instantánea.

¿Sentido del ridículo?

Ya entonces, Revuelta susurraba -poco más podía hacer con su afonía- que estos días ha perdido el sentido del ridículo que le ha acompañado toda la vida.

La peña La Rioja, en la otra punta de la ciudad, esperaba y, tras el recibimiento, puso a su charanga a funcionar.

Ya no había aprietos para el alcalde. Que hay que bailar los gorilas, pues se baila. Paz Villar y los Vendimiadores se sumaron a una comitiva que, de vez en cuando, perdía a parte de sus miembros reclamados por el teléfono móvil.

Había ratos que, junto a la puerta, se juntaban unos cuantos habla que te habla a distancia. No fue el caso del primer edil, que se concentró en su tarea.

La visita a la peña La Alegría fue ya al mediodía. Allí ya ni siquiera hizo falta entrar al local para que comenzara el guateque. En plena calle, pues en plena calle. Mañana, la vuelta será dura.