Aburrimiento sobre el cuarto puente
'El PortuguŽs' decepciona
al pśblico con una colecci—n pobre y repetitiva
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B.M.ZAPORTA
/LOGROÑO
'Pirotecnia El PortuguŽs' era la encargada de poner
el broche final a la semana matea de fuegos artificiales
y para ello se busc— un nuevo escenario, el monte
de El Corvo, donde se vio, a las 23 horas, una colecci—n
que no mereci— los preparativos anteriores a su disparo.
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Autobuses repletos, riadas
de riojanos, que se acercaron hasta el Cuarto Puente, y
una feria que apag— sus luces y dej— de funcionar para ese
momento eran el presagio de que el pśblico logro–Žs quer’a
disfrutar de un cierre de pirotecnia que no se asemej— a
lo ofreci— 'El PortuguŽs'. Sus carcasas iluminaron poco,
combinando fuegos altos y bajos y apoyando todos los arrebatos
del espect‡culo en la repetici—n, casi hasta el aburrimiento,
de flores bicolor, rojas y de doble efecto que cambiaban
de tonalidad en el cielo de la capital.
Falta de intensidad
Los efectos parec’an quedarse en un amago, aunque hubo algśn
momento que arranc— un t’mido aplauso entre los asistentes,
'El PortuguŽs' no consigui— iluminar con fuerza el firmamento
logro–Žs. A sus figuras les faltaron intensidad y duraci—n
y los logro–eses, que en todas las noches de pirotecnia
han vibrado con los sauces dorados, una de las im‡genes
favoritas del pśblico, se negaron a ovacionar aquella lluvia
dorada que ni rozaba la calidad de d’as anteriores, recordando,
a 'Zamorano Caballer'. La fama de estruendosa de la empresa
de pirotecnia tampoco se comprob— hasta el tŽrmino del espect‡culo
ya que, a pesar de que utiliz— roncadoras y silbadores para
apoyar parte de los arrebatos, sus apoteosis sonaron poco.
Sin cambios evidentes de aumento de intensidad en el desarrollo
de la colecci—n lleg— el punto ‡lgido del final, en el que
los espectadores pudieron presenciar un incremento esencial
de colorido y sonido. De nuevo las flores fueron protagonistas
y se mezclaron sobre el Cuarto Puente con r‡pidos toques
de color, y explosiones bajas de fuentes de titanio que
se unieron a los silbadores y los truenos en el final apote—sico
de una colecci—n mon—tona.

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