 |
El
rito y la magia. El toro y el torero. La fiesta
brilla fulgurante con el aleteo de los alamares.
Es el traje de luces; uno de los elementos más
brillantes de la fiesta. /L.R. |
Un elemento fundamental
La evolución del traje de luces desde la pubicación
de ‘La Cartilla’ (aprox. 1730 y considerado
como el primer tratado sobre toreo a caballo) hasta
nuestros días ha sido considerable, si bien
en los dos últimos siglos la variación
ha sido mínima. Tan sólo ha cambiado
la ornamentación. Del coleto y calzón
de ante que se utilizaba en el siglo XVIII y un correón
ancho de cuero para proteger el vientre (vestido por
el rondeño Francisco Romero), se ha pasado
al vestido de luces actual, de seda, con bordados
en oro y plata. A principio del XVIII no había
ninguna norma establecida en la vestimenta de los
‘toreadores’.
Sería la Real Maestranza de Caballería
de Sevilla la que decide ‘uniformar’ los
vestidos: «Casaquilla grana con botones de plata;
calzones guarnecidos de un galón y espiguetillas
de plata; medias encarnadas, todo de seda. Resumen,
en el norte cuero y tafetán en el sur».
‘Costillares’ (1748-1800) solicitó
a la Maestranza el uso del galón de plata para
los toreros de a pie para igualar a los montados.
Paquiro’ fue el que estableció la subordinación
del picador al matador, entonces la seda había
suplantado definitivamente al cuero. Cuanto más
categoría tenía el torero, más
ostentación del preciado metal lucía
en su traje. También sería ‘Paquiro’
el que estableció definitivamente la montera
como sustituta de los sombreros de picos, que se utilizan
ahora sólamente en las corridas ‘Goyescas’.
La coleta, implantada a mediados del siglo XVIII,
la suprimió Juan Belmonte, pero ‘Joselito’
se la llevó a la tumba.
A mediados del siglo XIX se empieza a utilizar la
camisola blanca con bordados o chorreras y la corbata,
que venía de los uniformes militares. ‘Paquiro’
implantó de manera continuada el uso de la
corbata o pañoleta, así como la faja
que sustituyó al cinturón ancho de cuero,
que se atribuye a ‘Costillares’.
Toda la evolución de la vestimenta de torear
viene de mediados del siglo XIX y a ‘Paquiro’
se le atribuye el uso de la implantación del
chaleco de seda bordado en oro.
La chaquetilla es la que sustityó al coleto
y a la casaca, quedando como la actual, rígida
y con hombreras profusamente adornadas, así
como los alamares. |