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| La
técnica de Domingo Ortega se fundamentaba
en la adecuación de su práctica al
fin de ese dominio que empapaba toda su tauromaquia. |
Domingo Ortega
tenía una concepción total de la lidia.
De saber las cuatro reglas a pasar a
escribir y dar conferencias a nivel internacional (hasta
Kennedy citó al torero) fue el camino que recorrió
Domingo López Ortega; Domingo Ortega en los carteles.
Nació en un pequeño pueblo toledano llamado
Borox en febrero de 1906, hijo de labradores humildes,
criado entre los toros de Veragua, finca que compraría
en los primeros tiempos como matador de toros, le entró
la afición y empezó su peregrinaje por
los pueblos toledanos. Salvador García, cuentan
sus biógrafos, fue su descubridor. Salvador había
sido novillero y tenía alguna relación
con Domingo González ‘Dominguín’,
empresario en la plaza madrileña de Tetuán
de las Victorias. El caso es que Domingo torea una becerrada
en abril de 1929, fracasando y perdiendo la confianza
del empresario que no le vio nada de positivo cara al
futuro profesional del toledano, que no desistió,
es más, acrecentó su afición y
poco a poco iba curtiéndose y adquiriendo oficio.
El redescrubrimiento de Ortega fue en Aranjuez en 1930
en una actuación como sobresaliente en una corrida
mano a mano entre Marcial Lalanda y Manolo Bienvenida,
nada menos. Sólamente le dejaron intervenir en
un quite, pero debió ser tan bueno que ‘Dominguín’
que lo había ‘borrado’ de su agenda
vuelve a creer en el torero volviéndolo a poner
en su plaza de Tetuán de las Victorias en el
mes de septiembre, llegando un triunfo importante que
le abrió otras puertas más importantes.
Dominguín tenía sociedad con Balañá
y decidieron ponerlo en Barcelona (26-10-1930) con un
triunfo importante. Repitió esa misma temporada
tres tardes más de las que salió con vitola
de figura de la novillería.
Barcelona fue el escenario de su alternativa (03-1931)
de manos de ‘Gitanillo de Triana’ y Vicente
Barrera de testigo, con el toro ‘Valenciano’
de la ganadería de Juliana Calvo, cárdenos
de capa. La confirmación en Madrid fue el mismo
año de manos del aragonés Nicanor Villalta.
Fue un fracaso de corrida. Le costó entrar a
Domingo Ortega en Madrid pero al final de la temporada
terminó con 93 corridas, siendo durante varios
años el torero que más corridas sumó,
tal era su fuerza en época donde había
grandes toreros.
A Domingo Ortega le consideraron parte de la prensa
y de los aficionados un torero basto de formas y seco
de fondo. No le ayudaba el hacer las faenas con la muleta
en la diestra en la mayoría de las veces. Era
su forma, porque Ortega llegó a manejar muy bien
el capote a la verónica y toreó superiormente
al natural con la mano izquieda. Domingo Ortega fue
un gran torero, poderoso como pocos los ha habido, a
algunos aficionados les escuché que ‘domaba’
a los toros, ta era su poderío. pero no todo
fue triunfos en su carrera, también hubo algunos
fracasos de no poder con alguno de sus toros, si bien
eso queda como pura anécdota ya que habrá
habido pocos toreros con su poder.
Se apartó de los ruedos en dos ocasiones, pero
en los tres años de la contienda civil española
toreó bastante (45 corridas en 1936; 35 en 1937;
y 19 en 1938). Se fue en el 41 volviendo al año
siguiente. Del 50 al 52 estuvo retirado pero toreando
numerosos festivales benéficos. En La Rioja toreó
Domingo Ortega once corridas de toros y un festival.
Siete más el festival en Logroño en los
años 31,34 (2); 39; 40; 42 y 48 y el festival
en mayo de 1951. Dos corridas en Calahorra en 1934 la
primera y en 1950 la segunda, ambas el mismo día
5 de septiembre. Una corrida toreó Ortega en
Alfaro, la temporada de 1947 y otra en Haro el 9 de
septiembre de 1950. Octubre de 1954 es la fecha de su
despedida definitiva de los ruedos españoles.
Cien años desde que nació. Mucho poder,
sabiduría y maestría.
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