Guía de toros de Logroño
LOGROÑO / CALAHORRA /ARNEDO

50 AÑOS
HEMINGWAY EN LOGROÑO
Ernest Hemingway
EN LA MANZANERA: Ernest Hemingway en la barrera con Mary Welsh, su cuarta esposa y míster Rupert Belleville.


El 21 de septiembre de 1956 Ernest Hemingway visitó Logroño siguiendo a Ordóñez, que toreaba junto a Litri y César Girón una corrida de Montalvo.

Desde 1954, año en que se le concedió el Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway no había vuelto a pisar España. Pero el viejo escritor, todavía seducido por toreo y embriagado de nuevo por un Ordóñez –en este caso el hijo de Cayetano–, volvía a embarcarse en un viaje por España para estar cerca de su gran pasión: los toros. En Logroño lloviznaba, como suele ser habitual en la feria de San Mateo y el autor de ‘Muerte en la tarde’ venía desde Pamplona con Mary Welsh, a la sazón su cuarta esposa, su amigo Juanito Quintana y el piloto de la RAF míster Rupert Belleville, que había prometido hacerse torero. Aquella feria de San Mateo de hace cincuenta años tuvo dos corridas de toros y una novillada. El 21, reses de Montalvo para ‘Litri’, Ordóñez y César Girón; al día siguiente astados de Manuel Arranz para Julio Aparicio, Ordóñez, Joselito Huerta y el rejoneador Ángel Peralta. Acabó el abono con novillos de Urquijo para Jaime Ostos, ‘Chamaco’ y Chucho Ortega. Ordóñez hizo lo mismo las dos tardes: pitos en su primero y oreja en el segundo. Girón salió a hombros el día 21, aunque el gran triunfador fue Julio Aparicio, ya que cortó cuatro orejas, dos rabos y dio cuatro vueltas al ruedo. Huerta cortó dos orejas y rabo tras brindar a Hemingway, que se lo pasó pipa en los toros y visitando las Bodegas Franco Españolas el día 22 por la mañana. La novillada, que tuvo que retrasarse por una torrencial tormenta, fue también triunfal ya que Jaime Ostos cortó tres orejas, ‘Chamaco’ dos y Ortega se labró dos importantes ovaciones.

El semanario gráfico ilustrado ‘El Ruedo’ correspondiente al 27 de septiembre de 1956 se hizo eco a través de un reportaje realizado por el fotógrafo logroñés Esteban Chapresto de la visita del genial escritor a La Rioja. De hecho, tal y como desvelaba el autor, únicamente conocían su llegada desde Biarritz el mencionado Juanito Quintana y Ordóñez.

Ernest Hemingway entró en Logroño momentos antes de la primera corrida, que la contempló desde una barrera con su esposa y el piloto inglés. El público enseguida lo reconoció y pronto fue convidado a trasegar un buen vino desde una bota, la que por cierto manejó con espectacular destreza para admiración de sus compañeros de localidad. Tras la corrida fue al Gran Hotel, de donde ya no se sabe que saldría hasta al día siguiente para dar una vuelta con Ordóñez, el entonces novillero Jaime Ostos y el doctor Tamames, padre del político y economista Ramón Tamames.

El Hemingway que visitó Logroño siguiendo los pasos del hijo de Cayetano ya había cazado el oso gris en las tierras de Canadá, probado el azúcar de Cuba, pescado el pez espada en el Caribe e incluso se había asomado a Kenia desde las nieves del Kilimanjaro. Llegó a Logroño en grupo –Hemingway nunca viajaba solo– y como si guardara un profundo miedo por la soledad siempre se hacía acompañar.

La fascinación que Hemingway sintió por los toros no fue acompañada casi nunca por un conocimiento exhaustivo ni profundo de las suertes ni del trabazón de la lidia. Hemingway buscaba la presencia constante de la muerte en la fiesta, e incluso en el triunfo de los toreros a él le acompañaba una brizna de muerte.

Esteban Chapresto le preguntó por qué había elegido Logroño para volver a España: «Porque sabía que las fiestas de esta ciudad tenían un típico matiz taurino muy interesante», contestó.

Siguiendo a Ordóñez

Hemingway en Logroño Joselito Huerta

En las escaleras del Gran Hotel con Chapresto, Antonio Ordóñez y Jaime Ostos.

Joselito Huerta le brindó un toro el día 22 de septiembre.