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Vuelve el toreo a La Rioja, regresa la mágica
ilusión de la tauromaquia, el arte de Birlibirloque,
ése donde a decir del genial José Bergamín
se engaña sin mentir. Y cuando el toreo se hace
presente en Logroño la afición se prepara
para ver a dos de sus grandes mitos: el rejoneador navarro
Pablo Hermoso de Mendoza y los toros de Victorino Martín
Andrés, que cumplen en esta ocasión treinta
años desde que vinieron por vez primera a Logroño
con una imponente corrida. Logroño, en sus dos
plazas, ha sido una especie de talismán para
esta ganadería, la más famosa de cuantas
pastan en el campo bravo. Viajando más atrás
en el tiempo, hace medio siglo que Ernest Hemingway
estuvo durante dos días en nuestra ciudad, acompañado
de un séquito en el que destacaban su cuarta
esposa y un ex-piloto de la RAF que quería ser
torero, para ver las dos tardes en las que Antonio Ordóñez
iba a hacer el paseíllo en La Manzanera. Lloviznaba
y el maestro de Ronda cortó dos orejas a cada
uno de sus segundos toros, como acostumbraba. Se cumple
también el centenario de Domingo Ortega, la mano
derecha más poderosa de la tauromaquia y un torero
que se entretuvo en coquetear con los intelectuales.
En fin, el toreo está en ebullición y
los aficionados ya tienen en el corazón todas
sus ansias dibujadas. Que se abra el portón.
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