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Los primeros espadas de la arquitectura
mundial han depositado su mirada en la casas del vino. Quizás
las bodegas nunca sean como antes
Emporios para
la crianza
Lantiago Calatrava ultima
la bodega Ysios del Grupo Bodegas y Bebidas; Rafael Moneo casi
ha finalizado ya el Señorío de Arínzano
de Bodegas Chivite, en Navarra, y Frank O. Ghery presentó
en una feista mundial la alucinante maqueta de la nueva sede
social de Marqués de Riscal, que comenzará a tomar
forma en enero. Pero no se puede olvidar a otro 'pope', Norman
Foster, que ha admitido ya el encargo de construir el edificio
de la marca Tionio, la que produce Marqués de Alella,
en Ribera del Duero. A todos estos nombres, sin duda primeros
espadas del firmamento mundial de la arquitectura, hay que unir
la Bodega Institucional de La Grajera y la nueva sede de Bodegas
y Bebidas en Logroño para darse cuenta de que el mundo
del vino, además de generar sustanciosos beneficios económicos,
ha puesto la mirada sobre sí mismo para unir los nombres
más estelares de la arquitectura a la calidad de sus bondadosos
caldos.
La aparición de la arquitectura en las bodegas en La Rioja
como edificio industrial, dedicado específicamente a la
elaboración y crianza del vino, tiene sus inicios a mediados
del siglo XIX, coincidiendo con el florecimiento de las construcciones
industriales en España, que se desarrolló durante
todo este siglo y que continuó a lo largo de la primera
mitad del XX.
El arquitecto Gaspar Aragón Osés reflexionaba hace
unos días en un artículo sobre arquitectura en
las páginas de este diario y calificaba de "lamentable"
la visión de cómo en los últimos años,
en muchos casos, se han "desaprovechado en La Rioja grandes
construcciones o ampliaciones de bodegas, que no solamente no
han servido para dotar a las mismas de un reconocimiento y entidad
cultural, sino que incluso, han conseguido degradar ciertos entornos,
pueblos y paisajes con construcciones caóticas, como resultado
de una mezcla de volúmenes, materiales y desafortunadas
referencias de imágenes que van desde palacios renacentistas
italianos faltos de toda proporción, equilibrio y
significado hasta los mas historicistas y pintorescos en
su pretendida intención por rememorar interesantes bodegas
del siglo pasado o principios de éste, pasando, por supuesto,
por una amplia variedad de edificios difícilmente clasificables
que se expresan, incluso, con elementos constructivos falsos,
más cercanos a decorados cinematográficos que a
lo que debe ser una sensata construcción".
Quizás ahora, con la irrupción de los nuevos maestros
y con el ejemplo del concurso del Gobierno de La Rioja para la
edificación de la Bodega Institucional de La Grajera,
la arquitectura vitivinícola dé un cambio racionalista
que haga olvidar el eclecticismo al que se refería Gaspar
Aragón Osés.
En las siguientes páginas están cuatro de los ejemplos
más significativos: la propuesta de Frank O. Ghery para
Marqués de Riscal en Elciego; la Bodega Encubierta, ganadora
del concurso del Gobierno regional para La Grajera; Ysios, de
Santiago Calatrava al pie de la Sierra de Cantabria y que será
una de las más singulares de España, y por último,
la nueva bodega, obra de Ignacio Quemada, para Campo Viejo.
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