EL MODELO DE
LA DOC, A DEBATE



ENTREVISTA A
JAVIER ERRO



75 AÑOS DEL
CONSEJO



EL MERCADO
DEL RIOJA



VINOS DEL
NUEVO MUNDO



LA VENDIMIA


LA OPINIÓN DE
GERRY DAWES



ARQUITECTURA


LOS
GUARDAVIÑAS



LOS CALADOS

EL VINO, SÍMBOLO
ANCESTRAL

VITICULTURA
ECOLÓGICA

LAS RECETAS





CRÉDITOS


Sangre mediterránea (sigue)

Uso profano. Al margen de su sentido religioso, el vino, en su uso profano, era una de los pilares básicos de estas civilizaciones de la antigüedad. Así, para los clásicos, tanto en Grecia como en Roma, el vino formaba parte de la dieta cotidiana, pero casi siempre se bebía mezclado con agua. Por ejemplo, el "simposio" (fiesta griega dedicada a la bebida) era una de las instituciones más importantes en la vida de los aristócratas griegos. Los clásicos conocían ya los secretos de la enología y así, una vez que se prensaban las uvas, el jugo se almacenaba en grandes vasijas para que fermentase. Los vinos estaban ya entonces vinculados al origen y, si bien Homero menciona el de Tracia, los más altamente reputados en la Grecia tardía fueron los de Quíos, Tasos, Lesbos y Cos. Por su parte, los vinos italianos más aromáticos eran los de Alba, Setia y del Cácubo (en el Lacio) y los del territorio de Falermo (en Campania). También fue popular el vino Mamertino y de Mesina y el Mareótico, de la zona cercana a Alejandría (Egipto).
En los primeros tiempos, el vino autóctono era escaso en Italia. En un banquete ofrecido por Julio César en el 46 a.C. se sirvieron por primera vez cuatro clases de vino. Por esta época, los vinos italianos se consideraban iguales a los griegos. Estos últimos, en los que la fermentación no se detenía nunca por completo, se bebían con 3 o 4 años. Por su parte, la mayoría de los vinos romanos se bebían igualmente con esa antigüedad, aunque algunos necesitaban de 10 a 15 años para madurar e incluso hay referencias de cosechas más viejas.
Por su lado, la Tierra Prometida era, por excelencia, un país de viñedos. La época de la vendimia era para los israelitas un tiempo de alegría. Después de la vendimia, los cananeos celebraban una gran fiesta, que imitaron luego los hebreos, instituyéndose así la fiesta de los Tabernáculos. Ya entonces se conocía el trasiego, para dejar la hez en el fondo del primer recipiente. Las vasijas con vino eran alineadas en las bodegas y el vino dejado envejecer. La arqueología ha dado con los lagares donde se prensaban las uvas, que consistían en dos tinas excavadas en la roca, a niveles distintos, y unidas entre sí por una canalización. De la expresión "sangre de las uvas" se desprende que los israelitas tomaban tinto. El aroma se mejoraba dejando reposar el poso durante un tiempo y para darle mejor sabor se añadían hierbas.
El vino era una bebida muy popular en Palestina, país alabado como productor de vino. Destacaba el valle de Escol, cerca de Hebrón. También era famoso el vino del Líbano, lo mismo que el de Jelbón, cerca de Damasco. El cultivo exigía especiales cuidados: se elegía un lugar resguardado, se limpiaba de piedras, se escogían las cepas y se rodeaba de setos protectores contra jabalíes y zorros. Poseer una viña era señal de dominio y prosperidad. Incluso quien plantaba vides quedaba exento del servicio militar.
Los antiguas civilizaciones ya conocían buena parte de los secretos de la vitivinicultura, así como sus efectos bondadosos sobre el cuerpo y el intelecto, aunque limitados por el exceso (la embriaguez se descalifica en varios pasajes bíblicos). El vino es, en definitiva, paradójico, como el propio Dionisos y como el amor, uno de sus símbolos habituales. El vino es uno de los símbolos sobre los que han girado algunas de las ancestrales culturas mediterráneas que, partiendo de la raíz común del gran patriarca y primer cultivador de la vid, Noé, fueron disgregándose con la interpretación diferente de los textos originales, pero siempre con el vino como elemento común.

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EL VINO, SÍMBOLO ANCESTRAL
 

Sangre mediterránea
 

Lignum vitis/ Lignum vitae
 

De vinos y símbolos