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Afamado periodista y prescriptor
internacional, actualmente dirige la publicación
Los Vinos de España
Andrés Proensa:
El dilema del origen y calidad
por Pablo G. Mancha
El mundo del vino ha cambiado
vertiginosamente, especialmente en la última década,
al menos desde el punto de vista del consumidor español
¿Qué hay de cierto y qué de artificio
en esto que se ha dado en llamar cultura en torno al vino?
- La cultura del vino no es ningún artificio, sino
que ha ayudado en los últimos años a extender
en conocimiento de cada zona.
- Un grupo de bodegas se ha desmarcado
del resto con vinos de alto precio, que desde luego no
son para el consumo diario. ¿Valen esos vinos lo
que cuestan?
- Sí, si el mercado lo acepta.
- El debate desde hace unos años
se centra entre los vinos finos y los más potentes
que aportan nuevas sensaciones en la cata ¿Siguen
teniendo cabida los primeros?
- Es un debate antiguo y lo estará vigente siempre
porque siempre existirán vinos más estructurados
y otros en la línea de Rioja. Lo que sí
es cierto es que ha habido una tendencia hacia caldos
con mayor protagonismo de la fruta y más poderosos
en boca. Ahora hay una vuelta a lo que se denomina elegancia
y creo que se han pasado de moda los vinos piedra. Por
eso se busca un vino que se beba en el momento. Aunque
lo bueno es que haya de todo: que sigan existiendo los
buenos vinos finos de Rioja y los noblemente carnosos,
ya que cada uno tiene su momento.
- Hace unos años faltaba vino
en España, y en Europa, y ahora sin embargo sobra.
¿Qué ha pasado?
- El tema es que hay muchos más países que
están entrando en el mundo de la viticultura, y
además en muchos otros está creciendo su
producción y la concurrencia en el mercado es bastante
mayor. A todo esto hay que unir que vivimos un periodo
de cierta crisis y existe menos alegría compradora.
Pero esto creo que es una cosa coyuntural, porque no hace
mucho tiempo faltaba muchísimo vino.
- El mundo del vino, al menos individualmente,
evoluciona muy rápido, pero las legislaciones muy
lentas ¿Están las autoridades administrativas
por detrás de los propios operadores?
- La legislación actual no concede demasiadas alternativas
a los que pretenden trabajar con libertad y utilizar sistemas
innovadores.
- Informe Berthomeu: conclusiones
claras en Francia ¿Nos comerán la tarta
los vinos emergentes?
- Es un tema complejo, pero están pegando muy fuerte
en lo que se refiere a los precios. Y aunque existen algunas
zonas que están respondiendo a base de elevar producciones,
yo creo que la salida de Europa es reforzar la calidad
y la personalidad. Para hacer un vino grande hacen falta
muchas cosas. Está demostrado que hay una relación
directa entre la calidad y la producción limitada.
Pero también le digo que con producciones altas
se pueden hacer vinos buenos; ahora, la magia viene de
la viña vieja y de todo lo que se denomina filosofía
europea.
- El sistema actual de denominaciones
¿Tiene que evolucionar?
- Hay quien propugna dinamitarlo para volverlo a construir
evitando los errores actuales. El problema de las D. O.
es la mezcla entre la indicación geográfica
y los parámetros de calidad, que casan muy mal.
Por ejemplo, en La Rioja se califican y descalifican los
vinos de esta cosecha. Esos vinos pueden salir dentro
de diez años después de haber envejecido
en una barrica podrida o en condiciones no muy buenas
para llevar una etiqueta tan prestigiosa como es la de
Rioja.
- Ante la posibilidad que algunos
plantean de cambio hacia un sistema de doble calificación
dentro del propio Rioja (superior y genérico) o
hacia otras figuras que fragmentan la estructura actual
(vinos de la tierra, de pago, etc) ¿Qué
fórmula le parece más adecuada?
- Hay que cambiar hacia una estratificación que
ayude al consumidor a elegir con un Rioja de clase uno,
dos, etc... Pero hay que ver quién tiene el valor
suficiente para decirles a determinadas bodegas de las
importantes que sus reservas son de clase dos, cuando
esas casas hacen más de la mitad del vino de Rioja.
La verdad es que nos encontramos con vinos que medirlos
entre sí es como comparar a Marte con Venus y los
dos llevan la misma etiqueta. Si el CRDO no quiere admitir
eso, lo que tiene que hacer es dejar a los productores
libertad, para que al final sean las marcas las que den
la cara. Y ésta es una realidad que sucede en casi
todas las denominaciones de origen.
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