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El historiador griego Tucídices
dijo en el siglo V antes de Cristo que los pueblos del Mediterráneo
emergieron del barbarismo cuando aprendieron a cultivar la
oliva y la vid
Nunc este bibendum por
Pablo G. Mancha
Algunos
datos lingüísticos revelan el origen de la palabra
vino, que tiene su raíz en la antiquísima voz
caucásica voino, que quiere decir algo parecido a "bebida
intoxicante de uvas". Después, los griegos la
llamarían oinos; los romanos vinum; oini los armenios
y wain los abisinios.
En Lagash -ciudad sumeria en la cuenca baja
del Tigris- existían zonas de regadío donde
crecían las viñas unos 3.000 años antes
del nacimiento de Cristo. En esta cultura, el vino era la
bebida preferida de los reyes y comerciantes y además
tenía un reconocimiento mítico de fertilidad.
Por ejemplo, una escultura hitita de uno de sus reyes representa
al dios de la fertilidad con racimos de uva en sus manos.
Uno de los primeros lugares del mundo donde
se estableció el consumo del vino fue el Egipto de
los faraones. La producción vinícola egipcia
no sólo servía para las celebraciones religiosas
sino también para fines terapéuticos y, fundamentalmente,
para su vida social. En su mítico delta se cultivaba
la vid; en el Bajo Nilo los viñedos compartían
los terrenos con los cerales y en el Alto Nilo lo hacían
con las datileras y los granados. Así, la palabra arp,
(vino) fue la primera de las que descifraron los egiptólogos
pioneros del siglo XIX al desenmarañar los intrincados
jeroglíficos egipcios.
Un cortesano del faraón Sesostris
I (2000 años a. c.) decía que "el vino
palestino era muy apreciado y abundaba más que el agua".
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