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El historiador griego Tucídices
dijo en el siglo V antes de Cristo que los pueblos del Mediterráneo
emergieron del barbarismo cuando aprendieron a cultivar la oliva
y la vid
Nunc este bibendum por
Pablo G. Mancha
La
elaboración se consumaba con un método muy sencillo:
se recogían las uvas en grandes canastos, se estrujaban
con los pies y de ahí se obtenía el ansiado
mosto. La fermentación se llevaba a cabo en grandes
jarras de barro, que a su vez eran untadas en su interior
con grasas de pescado para impermeabilizarlas. Los vinos egipcios
eran tintos y blancos y poseían un destacable espíritu
licoroso. Sin embargo, el pueblo llano no lo consumía
apenas, ya que la costumbre pasaba por trasegar distintas
bebidas obtenidas de palma. El vino era la bebida exclusiva
de los faraones, clérigos y guerreros, e incluso, sus
caldos más delicados y exquisitos los depositaban en
los sepulcros como ofrenda a las divinidades.
En
el caso de la India es bastante probable que el cultivo de
la vid llegara de la mano de las tribus nómadas arias,
en el segundo milenio an-tes de Cristo, aunque también
se cree que pudo llegar más tarde, con las campañas
de Alejandro Magno.
Al imperio chino llegó la cultura
del vino desde el oeste, con casi toda probabilidad desde
Persia, ya que incluso la etimología hace derivar la
palabra china putau (vino) del persa budawa (uva). Además,
el mito del vino no se limita a las culturas occidentales,
ya que por ejemplo, la religión taoítsa dice
que los inmortales son los bebedores de vino, incluso tienen
su propio dios Baco, a quien llamaron Lan Tsai-Huo.
Los vinos griegos Los poetas, dramaturgos
y filósofos griegos glosaron con vehemencia la calidad
de los vinos griegos. Sin em-bargo, se solían consumir
disueltos con agua caliente y por ello, hoy podrían
resultar muy parecidos a algunos rosados exce-sivamente dulces,
posiblemente ricos en aromas a moscatel y tal vez con leves
recuerdos a resina y con necesidad de disolución antes
de ser consumidos.
Del
siglo VIII al VI a.c. tomó en Grecia importancia el
desarrollo de la vid, ya que en este periodo se llevaron a
cabo bastantes desmontes para que la uva reemplazara el espacio
de los árboles derribados. Los griegos trabajaban y
abonaban sus viñedos con esmero y Macedonia tenía
sus principales masas de vid en las provincias de Calcídica
y, de mayor reputación, de Acanthe en el Golfo de Pericles,
así como en las ciudades de Mendé y Schione.
En la Grecia central no abundaban los grandes vinos; sin embargo
la considerada como la más griega de las provincias,
Ática -la cual no destacaba como una región
vitivinícola- pasó a la historia un vino, al
que llamaron 'el vino de oro': el Chrysattikos.
Fue tal el desarrollo de los viñedos
griegos que traspasaron las fronteras y llevaron la técnica
del cultivo por todo el Mediterráneo hasta alcanzar
las costas de Francia y España. Así pues, los
vinos griegos resultaron ser un producto muy codiciado para
la exportación a pesar de tener un precio muy elevado.
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