|
Después de varios años
hablando de cambios, pero sin ejecución, la nueva
Ley de Vitivinicultura abre la puerta a la revisión
del modelo de Denominación y del Consejo Regulador
Se
abre el melón
por A. Gil
EL borrador
de la nueva Ley de Vitivinicultura, que sustituirá
una norma de los años 30 y, sin revisar desde 1970,
clasifica los vinos por categorías (la mayoría
de ellos ya existentes, pero sin una regulación
única) y modifica la naturaleza y funciones de
los consejos reguladores.
La norma pone el dedo en la llaga y abre
la puerta a la revisión del modelo de la que se
habla desde hace años con escasísimos o
nulos avances. Hoy, el vino es de Rioja o es de mesa,
pero la nueva ley regulará los mínimos para
una serie de categorías intermedias que el sector
debe decidir si sirven también para Rioja o las
cosas siguen como están. El sistema es voluntario
(es decir, no habrá más complicación
si el sector no lo quiere), pero se recogen fórmulas
para la salida de excedentes o las producciones de menor
calidad que han dañado la imagen de Rioja en los
últimos años. Las diferencias en el sector
son notables y, en muchos casos, se huye de las complicaciones.
A nadie le gusta al completo la pirámide
ni las condiciones mínimas marcadas, por lo que
el sector del Rioja al completo pide más concreción.
Casi todos rechazan también los nuevos vinos de
calidad con indicación geográfica, aunque
Provir apunta la posibilidad de dar salida a los excedentes
y las producciones de calidad más baja con otro
nombre distinto al Rioja, pero casi con todos los derechos
de una denominación de origen.
El debate está servido también
en cuanto a los consejos reguladores. Casi todos los operadores
están de acuerdo con la separación de funciones,
aunque la mayoría piensa que convendría
hacerlo dentro de un mismo órgano, como hasta ahora.
El rechazo a que una empresa privada se encargue del control
(posibilidad que abre la nueva Ley) es unánime,
pero la segunda opción de que un organismo público
sea quien controle, de forma separada y en un órgano
diferente al que ocuparían los operadores para
gestionar la Denominación, no es tan lejana en
el fondo a la demanda de la mayoría riojana.
La separación facilita que el
órgano de gestión, formado por criterios
económicos, se convierta en la interprofesional,
foro adecuado para alcanzar un acuerdo de estabilidad.
La nueva ley llega y el melón está abierto.
La
polémica: Ley básica
Rioja, y el propio Ministerio, quieren
que la ley sea básica. Es decir, que los mínimos
afecten a todos y no sólo a las tres zonas donde
Madrid tiene competencia por haber más de una comunidad
autónoma implicada (Rioja, Cava y Jumilla). La
respuesta del Gobierno de Navarra es clara en ese sentido
al no mostrarse dispuesta a ceder en sus competencias.
El País Vasco, que además de Rioja, cuenta
con denominación propia de Chacolí, tampoco
lo tiene muy claro. La futura ley afectará a los
consejos reguladores y la conveniencia de que sea básica
tiene mucho que ver con que no haya instituciones rectoras
de las denominaciones de origen de distinto carácter
y con funciones diferentes.
Sigue--->
|