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| Juan
Marcos Gutiérrez, en su restaurante./F. Díaz. |
Juan
Carlos Gutiérrez, sumiller
«No buscamos la cartera»
El
sumiller del restaurante logroñés 'La Chatilla' reivindica
su labor como intermediario entre el vino y el cliente, aconsejando
en relación calidad-precio
Texto:
Elsa Ojeda
Posa
con la paciencia de todo un entrenado en las lides mediáticas;
copa de vino en mano, bodega de fondo y un traje, la 'parafernalia'
del sumiller como él jocosamente la denomina, que retrotae
al observador a tiempos ya pasados. La lóbrega magia de cientos
de botellas apiladas, maderas y oscuridad cavernosa, y la
seriedad del maestro, Juan Marcos Gutiérrez, en la cata y
servicio de los mejores caldos.
Su profesión resulta tan importante en un buen restaurante
como desconocida por muchos. ¿Cómo definiría al sumiller?
No es ni una figura, ni un dios; sólo una persona que ama
el vino y actúa de mero medio de transmisión entre el agricultor,
el bodeguero y el consumidor final. De cada vino, el sumiller
cuenta al cliente su historia y los motivos que le llevan
a recomendárselo para acompañar el plato que come.
Una función a la que se supone una preparación previa...
Presentar los vinos al cliente, aconsejarle y servirle es
aquello que se ve del sumiller. Pero su función empieza mucho
antes en la confección de la carta de vinos, el contacto con
la cocina y la prueba de los diferentes platos y su maridaje
con distintos tipos de vinos. A ello, se añaden muchas otras
funciones. Además de ser un catador de vinos, debe tener conocimientos
de cocina, por supuesto, porque ambas cosas son inseparables.
También debe saber acerca de licores, puros, cafés...
¿Cómo aprende uno a ejercer de sumiller? ¿Qué formación
se requiere?
Ahora, existen cursos para la formación de sumilleres. Los
hay en Madrid, desde hace unos siete años, organizados por
la Cámara de Comercio; también existe una escuela de sumilleres
en Barcelona y en Toulouse (Francia). Sin embargo, no es mi
caso. Yo soy autodidacta. Tuve dos grandes maestros, José
Madorrán, ya fallecido, de Bodegas Murrieta, y el actual delegado
del Gobierno en La Rioja, Tomás López San Miguel. Ambos me
enseñaron el manejo de la cata de vinos y el servicio. Lo
demás es práctica. Trabajo como sumiller desde 1990, y la
experiencia en la cata de vinos es importantísima. La técnica
se enseña, la cata es subjetiva. A medida que catas, elaboras
tu propia memoria de olores y sabores que archivas y recuerdas
instintivamente más tarde cuando pruebas otros vinos.
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