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Cultura
de vino
El vino
no sólo es un sector económico pujante y un aliado insustituible
para la gastronomía; también es y ha sido fuente inagotable de inspiración
para cineastas y pintores
Pocos
productos diríase que ninguno aguantan una variedad de enfoques
tan diversos como el vino. Cuando hablamos de vino, hablamos de
economía, de mercados, de auges, de depresiones, de gráficas, de
acuerdos... Pero también hablamos de cocina, de cata, de gusto,
de paladar, de aromas, de gastronomía. Y, finalmente, hablamos de
cultura: el vino ha sido fuente de inspiración inagotable.
Quizá porque, como observa José María Lánder en el artículo que
cierra este suplemento, posee un poder turbador, enigmático, muy
cercano al misterio religioso. El vino es, por lo tanto, un producto
casi cubista: se le puede abordar desde todos los puntos de vista.
Y eso pretende hacer, siquiera a vuela pluma, esta publicación.
Empezamos con una mirada al séptimo arte. Pese a su juventud (cien
años, más o menos), el cine no ha renunciado al vino. Y no sólo
por la afición particular de algunos cineastas, como Coppola o Welles,
sino por las muchas películas que han escogido el vino como motivo
principal o secundario de su trama. Bernardo Sánchez, profesor de
Historia del Cine de la UR, repasa la relación entre la uva y el
celuloide desde los albores del cinematógrafo. Pero una mirada a
la situación del Rioja no debe quedar sólo en un recorrido por la
importancia cultural del vino. Este suplemento aspira también a
plasmar la posición del sector respecto al tema más candente de
la actualidad: el acuerdo interprofesional. El diagnóstico se completa
con sendas entrevistas al consejero de Agricultura, Javier Erro,
y al presidente del Consejo Regulador, Ángel de Jaime, y con artículos
firmados por el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, y
por el secretario general adjunto de la Federación Española de Vino,
Rafael del Rey.
El examen del panorma vinícola también exige recordar la excelente
cosecha del año 2001, a la altura de las añadas históricas del Rioja.
Pero el vino no es sólo economía. Su elaboración aún esconde algo
de mágico, de mitológico, de artesano. Bien lo demuestran los toneleros,
cuyo oficio conjuga modernidad y tradición y sin el cual los vinos
riojanos no gozarían de su prestigio. Un prestigio que conocen los
sumilleres: todos ellos se encargan de la selección vitícola en
los restaurantes más afamados del país y no dudan en recomendar
un Rioja como garantía más segura de acierto. El suplemento concluye
con otro vistazo al arte; en este caso, a la pintura. Una ocasión
para descubrir cómo el vino ha cautivado la inspiración de todos
los artistas, desde la Antigüedad clásica a las vanguardias más
rompedoras.
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